lunes, 16 de abril de 2012

SI LLEGO A SABER LO QUE HOY SE……..TODO HUBIERA SIDO DISTINTO.


La visión de ese hombre que dice ser mi padre, me produce indiferencia, no siento nada, miro a ese anciano tendido en la cama del hospital, que aparentemente no se entera de nada, está un poco sedado. Mi hermana dice que pregunta constantemente por mí, algo que sinceramente me extraña. Porque me mira sin verme, así que creo que es algo que mi hermana se a sacado de la manga, nunca se ha preocupado por mí, ni por ninguna de sus hijas. Quizá eso no sea del todo cierto, porque de la mayor si se ha preocupado. En fin, ya es tarde para reproches, me siento cerca de la cama, sin saber muy bien el motivo, no quiero tocarle ni darle un beso, no me sale. Miguel se ha quedado fuera, salgo a buscarle, quiero que esté a mi lado, me preocupa ese no sentir nada, esa indiferencia ante este hombre que me mira sin verme con ojos vidriosos. De esta sale, pienso.
Me mira y sonríe.
-¿qué tal todo por casa? ¿Qué tal las niñas?
No es la primera vez que me equivoca con mi madre, parece ser que nos parecemos mucho.
-soy Marian, aita.
Sonríe y vuelve a cerrar los ojos. Me siento tan apática que no soy capaz ni de llevar una conversación con mis hermanas. Llevo la coraza bien puesta, está claro, todo me da lo mismo.
Rememoro la muerte de mi madre en ese momento. El que entonces era mi marido, Oscar, no se hablaba con mi familia, no pude estar donde debía por no ser capaz de enfrentarme a él, si entonces llego a saber lo que hoy sé… Todo hubiera sido distinto, muy distinto. Cuando me avisaron de que le quedaban pocas horas salí corriendo, Oscar me acompañó, pero no permitió que mostrara mis sentimientos en ese momento, como siempre. Entré sola a la habitación, allí me desmoroné. Me impresiono muchísimo, estaba ya sedada, allí estuve hasta el su último aliento. Si llego a saber lo que hoy sé ¡qué pena! ¡Qué injusta es la vida! Han pasado muchos años de su marcha y muchas cosas. No voy a justificar ahora su comportamiento conmigo, me faltó lo más importante su amor, eso es insustituible, pero hoy sé que su vida fue muy dura, que quizá no lo hizo bien, pero lo hizo lo mejor que supo o pudo.  Ya me reconcilié con ella, pos morten, pero lo hice, la coloqué en su sitio.
-¿las niñas están abajo? ¿Las has traído?
-aita, soy Marian.
Digo intentando no mostrar mis sentimientos o mejor dicho mis no sentimientos. Está atado, mejor, no quiero ni pensar en que me ponga la mano encima.
Llega la noche, todo sigue igual, este sale, pienso, no es la primera vez que está al borde y luego remonta.
-vamos a dormir a casa.
Le digo a Miguel.
-tú decides.
Paso la noche sin poder pegar ojo. Con su imagen en mi cabeza y deseando volver.

Hasta mañana. Agur.

MARIAN

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