domingo, 1 de abril de 2012

IMPOTENCIA


Presionada por la seguridad social, las agobiantes circunstancias, la necesidad de salir adelante como sea, porque el poco dinero que tengo va llegando a su fin, quita y no pon se acabó el montón, las necesidades de las personas a las que he aprendido a respetar, por su fuerza y valentía. Decido poner mi casa en venta, la casa que tanto me costó pagar que se libró varias veces del embargo, por la que luché con uñas y dientes. Que ahora no uso, ni me acerco a esa zona del pueblo. En ella vive, Joxetxo, hermano de Manuel. En su día se ofreció a comprarla, no quise deshacerme de ella, ahora ha llegado el momento. Se la ofrezco a un precio razonable o eso pensaba yo, hasta que viene un tasador, primer disgusto. Lo asumo y sigo para adelante con la venta. El banco deniega el préstamo a Joxetxo, la empresa en la que trabaja está en ERE, le han bajado el sueldo, el futuro de la empresa es incierto, segundo disgusto. Dice que hay una remota posibilidad de conseguir financiación si consigue avalista. Lo asumo y me ofrezco.

Tercer disgusto, la seguridad social me ha inscrito en una lista de morosos que no me permite ser avalista.

Impotente me reúno con un empleado de recaudación, le explico el caso, le digo que podré hacer frente a parte de la deuda si consigo vender la casa, pero que para eso tengo que salir de la engorrosa lista. Me dice que la única forma es solicitando un aplazamiento, para lo cual necesito tener un veinte por ciento de la deuda, que evidentemente no poseo, si así fuera, el problema estaría resuelto hacia tiempo. Impotente escucho sus amenazas, si no pago en corto espacio de tiempo, sacará mi casa a subasta.

Salgo de la oficina con una sensación de impotencia que me corroe las entrañas. Me doy un paseo por la playa intentando relajarme, me encuentro en un callejón sin salida. Ya no es solo que pueda perder esa casa, es la descabellada situación, en su mano está que pueda hacer frente a una parte de la deuda, pero como tienen en una lista de morosos, no puedo hacer nada.

¿Qué le digo a Joxetxo? Si el embargo se hace efectivo se queda en la calle, con cincuenta y cinco años, un mísero sueldo, un futuro incierto. ¡Qué mierda de vida es esta! No puedo permitir que pase eso.



Hasta mañana. Agur



MARIAN

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