domingo, 2 de octubre de 2011

¡QUÉ BIEN SE DUERME CON COMPAÑÍA!


¡Qué bien se duerme con compañía! y no, no me ha hecho falta el pijama, calor humano es lo que yo necesito. Me levanto con mucho cuidado para no molestar, le dejo roncando como un descosido ¿porqué todos los tíos roncan? Bueno a lo mejor también roncamos nosotras, pero como no nos escuchamos…. Ahí lo dejo. Fíjate qué tontería  que hasta me gusta oírle roncar, para mí es un sonido familiar, este parece un animal herido ¡pobre! ¿No tendrá un mal sueño? Ahora que lo pienso ¿no ha ido a cazar? ¿Dónde está la caza? ¿Qué caza? Casi mejor que no lo vea, otra tontería de las mías, pero si conozco al animal no puedo comérmelo. Me da cosa, me imagino al animal todo ensangrentado y no, lo siento, no puedo. Me pasa también con las hortalizas, yo antes, hace mucho, tenía una pequeña huertita, pues no me comía los tomates a gusto, las lechugas sí, los pimientos no llegué a probarlos, tuve mala experiencia con los tomates y ya no fui capaz. Fíjate que luego voy a la carnicería  o a la frutería y no tengo ningún problema. ¡Cómo me gusta divagar cuando me levanto! Pero lo que he contado es verdad, no volví a poner huerta por eso.

Miguel tiene huerta, tomates ya no tiene. Por cierto, mira que le he visto veces en su huerta, nunca me ha dado nada, ni un tomate, ni una mísera lechuguita. Aquí según vas paseando vuelves a casa cargada con todo tipo de hortalizas, él nunca me ha dado nada. ¡Será rácano!

El jardín lo tiene precioso, eso sí, de llamar la atención bien cuidado y con mucho gusto, alguna rosa sí que me ha regalado, alguna cala también, pero poco eh, lo dicho que es un poco rácano. Da lo mismo, ya iré a comprarlo lo que sea que me apetezca. No es lo mismo, el encanto de un regalo es que alguien se acuerda de ti, que intente agradarte ¿sí o no? Da igual lo que te regalen el caso es que te regalen.

-¡egunon!

Me he asustado, de tan absorta que estaba con mis divagaciones.

-¡hola! ¿Por qué nunca me has regalado un tomate?

-¡qué!

-ni una lechuguita, ni una calabaza, las has tenido bien grandes, que las he visto. Llevo muchos años viendo trajinar en tu huerta, nunca me has dado nada ¿por qué? ¿De qué te ríes?

-ya te regalaré algo la próxima vez que te vea, ya queda poca cosa.

-pimientos verdes ¡qué forma más peculiar tiene lo pimientos! ¿No? Cuando los ves en el cestillo en la tienda, son normales, están todos apelotonados, ¿en qué pensabas cuando los plantabas?

-a saber, en penes no, desde luego, no suelo pensar en ellos, más bien todo lo contrario.

-en tu jardín no se puede tomar el sol, todo el mundo te ve ¿porqué no lo tienes vallado como todo el mundo?

-me gusta así, de que sirve tener un jardín bien cuidado si nadie lo ve.

-ahí tienes razón. Pero ahora yo podría salir a desayunar, cosa que me encanta hacer, pero como me tengo que esconder pues nada, en la cocina.

-te has levantado con ganas de hablar, ¿aprovechamos y me cuentas alguna cosita de las tuyas?

-no fastidies, con lo que me gusta a mi hablar de chorradas, otro día.

-pasamos el día juntos ¿no?

-si claro, por supuesto, prohibido conversaciones serias.

-¿algún día conseguiré sacarte algo? Un taco bien dicho, por ejemplo.

-como arranque verás, llevo un mochilón en mis espaldas que el día que me da por abrirlo, salen sapos y culebras por mi boca. Así que déjalo como está, pasemos un buen día, que tenemos que recuperar.

-esta noche tengo cena.

-bueno, ya te esperaré en casa.

-es una pena, podríamos ir juntos, pero como tenemos que escondernos, no se puede.

-perdona, guapo, lo de escondernos es cosa tuya.

-no, guapa, tuya.

-de eso nada. Me parece que no te fías de mí.

-no es eso, solo que a veces estás muy distante conmigo, como si todavía no lo tuvieras claro.

-soy así, no tiene nada que ver contigo.

-hablemos entonces.

-déjalo.

Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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