sábado, 1 de octubre de 2011

MEJOR QUE NO SE ENTERE NADIE


Vicenta se va y yo me quedo un poco mal por el tema de mi vecina, la innombrable, que la llamaba Manuel, eso era lo más dulce que decía de ella. ¿Qué le habré hecho yo a esta chica? No entiendo su comportamiento hacia mí, pero si no nos vemos, no entiendo nada. A gusto pasaría del tema, que le den y se como ella solita su mierda, pero Vicenta tiene razón, no se puede consentir, “no a la violencia”. ¿Pero qué voy a sacar yo en claro de todo esto? Un mal rato, realmente me da lo mismo lo que pueda decir de mí, mientras que no se me acerque, por cierto tiene una orden a alejamiento, no se puede acercar a mí. No lo hacemos a raja tabla, evidentemente, vive a tres casa de la mía, en teoría no podría estar ahí, pero ya dije en su momento, si ella me deja tranquila, por mi no hay problema. No entiendo nada de lo que le pasa a esta chica conmigo, tampoco me apetece romperme la cabeza con el tema ¡me resbala lo que piense!

Llamo a Fermín, me dice que para adelante, no tengo ganas de discutir con él.

-¿Cuándo es?

-dentro de quince días.

-vale, porque tengo planes para la semana que viene, me voy fuera.

-¿sola?

-no tengo nada que decir.

¡Los comentarios que habrá por ahí de Miguel y míos! En fin. No pienso dar explicaciones.

-ya me lo has dicho todo.

-¿con quién se supone que me voy?

-hacéis muy buena pareja.

-¿hay apuestas?

-no, de momento no. Pero en cuanto os vean un poco más juntos las habrá. ¿Hacemos una?

-¡NO! Estáis enfermos. ¡Qué pueblo! ¿Tú y Luisa os separáis?

-¿Quién cojones te ha dicho eso?

-cosas que se dicen, ves, no hay que hacer caso a todo lo que se cuenta.

Me ha colgado todo cabreado, bueno ya se le pasará, es Fermín tiene muy mal genio. No tenía que haberle contado ese rumor, yo ya sé que las cosas no les van bien, lo sé de primera mano, tenía que haberme callado. Sí.

Después de la reunión de las clases de pintura, de momento se hacen en el pueblo ¡bien! Hemos ido a tomar un café. Estábamos de cháchara cuando he visto a Miguel entrar en el bar, no lo esperaba hasta mañana ¡madre mía! ¡Qué difícil se me hace contenerme! Me ha buscado con la mirada ¡Dios qué sonrisa me he echado! Se ha acercado a la mesa a saludar, muy cortésmente como siempre hace, se tienen que dar cuenta es imposible disimular, se ha apoyado en la barra, justo frente a mí. He perdido el hilo de la conversación, ¡para tontas conversaciones estaba yo! He ido al baño esperando que él viniera detrás, como siempre hace. ¡Me he llevado una desilusión! Nada, que no ha venido. Cuando he salido no estaba, he ido a pagar mi café, ya estaba pagado por él. Bueno.

He salido del bar, buscándolo por todas las esquinas, según pasaba por la puerta del ayuntamiento un brazo me ha secuestrado. He perdido la noción del tiempo y del espacio. Solo él, sus besos, su penetrante mirada, la desesperación y el ansia de vernos. Me estoy enamorando, estoy enamorada. Nuestros brazos se contienen, intentando evitar lo inevitable. Mi cuerpo cobra vida, mis manos buscan su piel. Me mira sonriendo con sus ojos.

-vámonos de aquí.

-ya – digo sin entender los motivos, me siento tan bien con él, que me da lo mismo que alguien pueda vernos, es más deseo que todo el mundo se entere, el alcalde es mío ¡una pancarta en el ayuntamiento!

Vuelve a sonreírme dejando un dulce beso en mis labios.

-si queremos que todo el mundo se entere, hay que hacer las cosas bien.

-ya.

-en este pueblo puedes pasar de ser admirado y respetado a que todo el mundo te ignore y te desprecie en minutos.

-eso es verdad.

-la gente ya está hablando solo con vernos juntos, de nosotros depende entrar por la puerta grande o por la de atrás. Yo voto por la grande, con la cabeza bien alta, a partir de ahí podemos hacer el amor hasta en la plaza. Pero para eso hay que tenerlo claro, lo que tenga que ser será, de momento la historia se queda entre tú y yo.

-vale.

-vamos a casa.

-la tuya  o la mía.

-la mía, no se los motivos pero estás más tranquila en mi casa, que no digo nada pero me doy cuenta.

Esta conversación hace que me sienta incómoda, se que tiene razón, cuando estamos en mi casa tengo la sensación de que algo estoy haciendo mal, no tiene sentido pero es así como me siento, mis cosas sin resolver, supongo. No tengo ganas de pensar en ese momento, solo quiero estar con él, reflejarme en el brillo de sus ojos color miel, que me miran anhelantes, que consiguen que mi corazón se pare y retome su  palpitar con la misma intensidad de su mirada.

Hasta mañana. Agur.



MARIAN.

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