lunes, 8 de agosto de 2011

NO ES POSIBLE

Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda
 Martin Luther King




No sé a qué hora han llegado estas dos locas que se han instalado en mi casa. No las he escuchado entrar, lo que puede significar que he dormido bien, sin embargo tengo la sensación de no haber descansado, de haber tenido un montón de agitados sueños, no me acuerdo de ninguno.

El cara borde sigue sin dar señales de su presencia. Ahora va a resultar que le echo de menos, jajaj, estaría bueno, si al final me va a caer bien.

He ido un rato al hotel, por controlar que las cosas se hagan bien, como decía Manuel.

He tenido que sacar a Miguel varias veces de mi cabeza, no quiero que se instale ahí.

Al mediodía he vuelto a casa pero casi me voy corriendo ¡cómo pueden aguantar ese volumen! ¡Es imposible hablar con la música tan alta! Según he llagado he ido directa a apagarla. Me gusta el silencio, pasan días sin que ni tan siquiera encienda la tele. Vale que vengan, además estoy encantada de verlas a las dos, pero no pienso tolerar que alteren de esta forma mi vida, me incomodan mucho los ruidos estridentes.

-ya ha llegado la aburrida- ha dicho Haizea.

Las iba a invitar a comer en el pueblo, pero me he encontrado la comida hecha y la mesa puesta en el jardín.

-¿qué tal tu dolor de cabeza? – ha preguntado Haizea.

-ya pasó – he contestado secamente intentado dar por zanjada la conversación.

-si no fueras hermana de mi madre, me lo hubiera creído.

-el qué

-no te hagas la tonta, tía.

-vamos a dejar las cosas claras, yo decido cuando voy o vengo, con dolor de cabeza o sin él.

-tú, misma.

Controlado el impulso de decirle cuatro cosas bien dichas, me he sentado a comer, cada vez que la miraba me encontraba con sus ojos, que dicen que son iguales a los míos. Puedo sentir las ganas que tiene de decirme algo, pero no se decide, si me conoce un poco, aunque solo sea en el parecido con su madre, sabe que no es el momento de abrir la boca.

-sois iguales – ha soltado Nekane a bocajarro

-eso dicen – le ha contestado Haizea.

-está bien saber cómo vas a ser de mayor.

-le deseo una mejor vida que la mía, que no llegue a mi edad, que ya tengo unos cuantos, sola, es lo más triste que te puede pasar, ir dejando detrás a toda la gente que ha sido importante en tu vida, no llegar a mi edad con el corazón partido. Echando de menos a Manuel cada día, cada momento de mi asquerosa vida, era mi vida, por él me levantaba cada mañana, mi vida a dejado de tener sentido, ¿porqué cojones si hay un Dios no me lleva a mi también? ¿Queréis explicarme eso?  No os podéis hacer ni idea de lo que le echo de menos, podía sentir, palpar el amor que me daba, ninguna de las dos lo llegasteis a conocer como yo, es imposible vivir sin él.

Me he levantado de la mesa y me he ido, una buena caminata hará que mi ánimo vuelva, me ayudará a controlar mis sentimientos, mi tristeza.

A la vuelta me he cruzado con Miguel, he acelerado el paso y le he hecho un gesto con la cabeza como saludo. Lo siento, pero no puedo.

Cuando he entrado en casa Haizea se ha abrazado a mí y a cubierto mi cara de besos, no he podido evitar llorar.

-ya está bien de lloriqueos – ha dicho Nekane – nos vamos ahora mismo al pueblo a dar una vuelta tranquilitas, está claro que a ti las juegas no te van.

No he tenido fuerzas para discutir. Así que me he duchado arreglado y he salido de casa con mi mejor cara.

Estábamos sentadas en la plaza, cuando Miguel nos ha visto y se ha acercado a nosotras.

-¿todo bien, Marian?

-todo bien – le he contestado un poco avergonzada por mi mala educación de antes.

Se ha sentado tranquilamente con nosotras, los tres han iniciado una charla de la que me he mantenido al margen.

Hasta mañana. Agur.

MARIAN.

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