domingo, 21 de agosto de 2011

¡ME HACE CADA COSA!

Que tantas cosas no inventará el ser humano para justificar lo que su corazón desea
 Doménico Cieri Estrada

Estamos tu y yo solos, le he dicho al cara borde, que ahora lo tengo sentado a mi lado, si me hicieras un poco de caso, no andaría por ahí buscando nada. De momento lo único que necesito es un poco de compañía y charla, pero contigo no hay manera. ¿Quién eres? ¿Por qué solo te veo por las mañanas? ¿Qué tengo sin resolver que tenga que ver contigo? Le he bombardeo a preguntas, para nada, no abre la boca, baja la cabeza ¿qué querrá decirme? ¿Se avergüenza por algo? A lo mejor soy yo la que tiene que avergonzarse de algo y él es mi reflejo. No sé, la verdad, si por lo menos me hablase. Preguntas, preguntas y más preguntas sin respuesta, eso me suena.

He sacado a Miguel de mi cabeza varias veces, está claro que lo nuestro no va a pasar de un hola y adiós, todo lo demás está en mi loca cabeza, en la necesidad que tengo de compañía, mejor así ¿para qué complicarse la vida?  Si es que no se no lo que quiero, Manuel sigue en mis pensamientos, sigo echándole muchísimo de menos, no porque necesite compañía, no, lo necesito a él, enterito, pero no está.

 La mañana se me ha hecho larga y tediosa, no quiero reconocerlo pero estoy deseando darme la caminata y probar suerte. Últimamente es lo único que tengo en mi cabeza. Al mediodía he ido a comer al pueblo, me he sentado en la plaza a observar, estoy atenta a todo lo que pasa, como espía soy malísima, menos mal que no me dedico a ello. He escuchado ruido a mis espaldas, no he mirado pero sabía que era él.

-¡Marian!

Me he dado la vuelta, haciéndome la interesante.

-¡hola!- me ha dicho sonriente.

-¡hola Miguel!

Mi presión arterial ha subido y bajado en cuestión de segundos, si me tengo que levantar en ese momento caigo en redondo, seguro, en fin.

-¿un café?

-vale, pero descafeinado.

Ha entrado en el bar me ha sacado un café y se ha ido. ¡Qué pasada! Me ha dejado pasmada ¡me hace cada cosa! Quizá me esté creando una expectativa que no tiene nada que ver con la realidad. Lo dicho, que todo está en mi cabeza, ahora una cosa digo, si llego a saber que se va, no acepto el café, lo he hecho por cortesía. ¿Quién me dice a mí que no tiene algún rollete por ahí? Como es tan discreto, vete tú a saber. En fin, a ver si a la tarde consigo una miradita suya, no es mucho pedir, digo yo.

Durante la caminata he respetado escrupulosamente los horarios, me lo he encontrado, no le he sonreído hasta que no he llegado a su altura, serán cosas mías, pero creo que se ha quedado con ganas de decirme algo, que se aguante, ahora soy yo la que se va, después de echarle la mirada, por supuesto.



Hasta mañana. Agur.

MARIAN.

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