martes, 17 de mayo de 2011

¿JUGAMOS?

La casa de Carmen, es el único comercio que hay en el pueblo, tiene de todo, desde un bote de alubias, ropa interior, de todo tipo, por cierto, cosa que me hace mucha gracia, tiene hasta ligueros, tangas y demás artilugios provocadores del sexo opuesto, esta parte de la trastienda la acabo de conocer, nunca me lo hubiera imaginado, a lo que iba, como dice Manuel mientras te tomas una copa, porque también es bar, puedes comprar filetes , calcetines, media docena de tornillos y hasta hacer copia de llaves, una maravilla. Asun se ha encargado de enseñarme la trastienda, ni un almacén de Eroski tiene tantas cosas, como todo el mundo nos ignora pasamos el tiempo abriendo cajas y riéndonos como locas, esto es lo que hace ella, cuando viene para evitar aburrirse.
-¿cómo aguantas que te ignoren de esa manera?
-al principio me mosqueaba con Alfonso por permitirlo, ahora paso, vengo cuatro veces al año, no quiero complicarme la vida.
-no merece la pena.
-en cuanto llegue Andrés la cosa cambia, ya lo verás, las manda a la cocina rápido.
-¿qué tal es Andrés? ¿Te llevas bien?
-genial, me cae muy bien, tampoco es que lo vea mucho, pero por lo menos te trata con educación.
-así me parece a mí también. Vaya lio están montando, como gritan.
-eso es que ha entrado algún cliente, hombre, seguro.
-pues  vaya….
-hola Asunción.
-hola Leire, Marian la mujer de Manuel.
- he oído hablar de ti.
¿Habrá querido decir algo con eso?
-encantada.
-¿pasando el rato?
-como siempre. Vamos a enseñarle a Marian los juguetes.
Una que es un poco mal pensada, imaginé juguetitos eróticos, después de haber visto la lencería.

-estas no tienen ni idea del valor de lo que hay aquí ¡madre mía! Unos juegos reunidos ¿os acordáis?, yo nunca tuve, pero si jugué con ellos.
-Leire y yo a veces jugamos para matar el tiempo.
-está con el precinto.
-qué va, se lo quitamos y volvemos a ponérselo.
-¡qué pasada! Esto es como retroceder en el tiempo casi cuarenta años, yo he jugado con estas cosas. ¿Hay cromos de los de dar con la palma de la mano.
-sí, ya te dejaremos alguno, nos los hemos repartido entre Asun y yo, ya te haremos tu montoncito, con cajita y todo.



-¡qué guay! ¿Jugamos?
-yo primer.
-de eso nada, hay que rifarlo. En la casa de Pinocho sólo cuentan hasta ocho. Uno, dos, tres, cuatro, cinco seis, siete y ocho, te ha to-ca-do.
-Asun la primera en darle. Pinto, pinto, gorgorito, ¿dónde vas tú, tan bonito? Te ha to-ca-do.
-Marian siguiente, luego yo.
-¿qué hacéis? –Manuel asomaba la cabeza por la puerta.
-jugando.
-bah…..eso son juegos de chicas- dijo riendo- aquí hay auténticos tesoros. Cuando terminéis de jugar te enseño las fotos.
-vale, luego. Quiero comprarme una muñeca.


Alucinada me quedé cuando vi los juguetes ¡qué muñecas!  Hasta una cocinita, creo que tuve una igual o parecida, recortables  de los de antes, lo que habré jugado yo con ellos, me encantaban, una muñeca de comunión, que me recordó a mi hermana  mayor.

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