jueves, 3 de febrero de 2011

capitulo 83 ¿PORQUE?



Entró en la casa un poco temerosa de lo que pudiera sentir. Se le pasó en cuanto cruzó la puerta, se enamoró al instante de ella, no había mucha luz, eso le daba una magia especial se formaban rincones misteriosos, -esto es lo que llevo buscando toda mi via-pensó.
El mobiliario de la casita era muy básico, pero le encantó, no había paredes de separación. Hacía mucho frio, dentro de la casa y se quejó de ello.
-nena, qué quieres, me has hecho abrir para ventilar, lo entiendo, pero es normal que ahora haga frio, hace mucho que nadie viene por aquí.
-ya, ya.
-ya, ya qué.-Manuel se reía a carcajadas-¿ahora qué pasa?
-nada tranquilo, solo estoy observando, tienes buen gusto. Con cuatro cosas has creado un ambiente encantador, encantado diría yo.
-ya te dije que te iba a gustar.
 En la parte que hacía de habitación había una cama hecha con troncos, a los lados había dos raíces a modo de mesillas, con dos candelabros en cada una , hechos también con leña. ¡Encantador!
 Fue directa a sentarse encima de la cama, observó la casa desde allí, la chimenea, era toda de piedra, delante de la ella , había puesto una mecedora, que a ella le daba la sensación de que se movía sola, llamándola a sentarse en ella. una especie de sofá hecho también con troncos, cruzaba parte de la zona, como mesita había una raíz, que le llamó mucho la atención por sus formas, le había colocado una madera encima para poder poner cosas encima.
-¿lo has hecho tu?
-si, lo puedo mejorar, cuando lo hice estaba solo, si tu quieres lo multiplico todo por dos.
-no es necesario, me gusta como está, donde entra uno, entran dos- le hizo gracia la frase copiada de un anuncio-¡qué chorrada! Enciende el fuego.
Manuel la miraba de reojo y sonrreia.Estaba usando unas revistas para iniciar la llama para que los leños prendieran.
-¿de qué son esas revistas que estás quemando?- preguntó, sabiendo la respuesta.
-nada que tenga que ver contigo.
-ya, ya.
-tu ¿Cuándo no tienes pareja no te desahogas?
-como todo el mundo. La pornografía no me gusta, está hecha sola para el disfrute de los hombres, me gusta más el erotismo.
-¿qué pasaba por tu cabeza cuando lo hacías?-la miró de arriba abajo, parándose un momento en sus ojos.
-en este momento no me apetece  hablar de ello, no me mires así. Mis desahogos como tu los llamas no tiene nada que ver con los tuyos.
-el instinto sexual , es igual en el hombre que en la mujer, otro tema es la educación o como vivas tu esas necesidades físicas.
-no me apetece hablar de eso ahora, estás excitado, pero no sé si es por mi o por los cuerpazos que salen en esas revistas.
-¡qué tontería ,nena ¡ cambiemos de conversación, luego te demostraré quien es la que me excita a mí,
-no me mires así, ¡por Dios! Me acabas de lanzar un red, me estás atrayendo hacia ti , pero yo ahora no quiero sexo.
-puedo hacer que cambies de opinión, si tu quieres. Dices que no quieres sexo, pero tu lenguaje corporal no está de acuerdo con tus palabras.
-déjalo estar, no siempre le doy a mi cuerpo lo que me pide.
Deseaba meter las manos debajo de su ropa, no podía dejar de mirarle, no quería mirar el bulto de debajo de sus pantalones, pero no podía evitarlo. Manuel se dio la vuelta y empezó a recoger las bolsas con comida que habían comprado.
No disponían de cámara para guardar la comida.
-¿Dónde vamos a guardar la comida para que no se estropee?
-casi todo lo que he cogido es fácil de conservar, pero claro tu no te has enterado ,mientras tu te dedicabas a despotricar de tu vecina yo he hecho la compra.
-la leche , las galletas y el café los he cogido yo- dijo como aquella que había hecho un gran esfuerzo.
Cada vez que se daba la vuelta para mirarla, sentía como tiraba de esa red imaginaria.
-¿tienes hambre? Ya es hora de comer., voy a encender la cocina para preparar algo.
Había un hogar para cocinar, era casi igual que el que había en casa de sus padres, se quitó el pensamiento de la cabeza.
Lo miraba embelesada moverse por la cocina, acariciaba su cuerpo con sus ojos, metía sus manos por debajo del pantalón. La temperatura de la estancia había subido debido a los dos fuegos, Manuel se quitó el jersey ¡Por Dios cómo lo deseaba! Se quitó la cazadora esperando aliviar el calor que salía de sus entrañas.
-¿ya has entrado en calor?.
- si.
Lo imaginaba desnudo, besando todo su cuerpo, pegando su cuerpo al suyo sintiendo su miembro dentro de ella ¡cómo estoy! Seguía sentada en la cama, si se acercase a él, no iba a poder contenerse, él lo sabía, por eso la provocaba con su mirada, cada vez que se metía la mano al bolsillo del pantalón, con los movimientos de su cuerpo.
-hay que fregar toda la vajilla, y las ollas si queremos comer, podías ayudarme.
-estoy cansada – dijo riendo y recorriendo con sus ojos su cuerpo.
-no tengas tanto morro, cachorrita, entre los dos lo hacemos en un momento.
Se levantó por fin, para ir a ayudarle, tenía mucho calor y se quitó el jersey.
-sacas las cosas que ya voy yo fregando, antes de colocar limpia los armarios.
-a sus ordenes señora- dijo sonriendo y acortando distancias.
Se remangó llenó un cubo con agua y jabón y empezó a fregar. Sentía sus manos sobre sus brazos –autocontrol- pensó- no voy a caer toda desesperada.
-empieza por las ollas, si te parece, así puedo empezar con la comida mientras tu juegas con la espuma.
Se iba pasando una bola de espuma de una mano a otra, de pequeña se entretenía mucho tiempo haciendo eso, dejando que la espuma escapase entre sus dedos mientras cerraba suavemente sus manos.
-¿nunca has jugado con la espuma?- lo estaba haciendo sin darse cuenta.
-no cuando tengo que fregar, me gusta más esparcirla por tu cuerpo.
Cerró los ojos ,sintiendo sus manos sobre ella. Manuel estaba detrás de ella, se mantuvo firme formando bolas con la espuma. Oía su respiración, estaba tan excitado como ella, estuvo tentada de darse la vuelta mirar sus ojos, abrazarlo, quitarle el niky y acariciar su cuerpo. Suspiró- autocontrol-
-ve recogiendo, anda, haz la comida que tengo hambre.
-después de comer tenemos que ir a por agua – le hablaba al oído-me estás volviendo loco –parecía decirle.
La abrazó pegando tanto su cuerpo al de ella, que pudo sentir su erección en los glúteos. Acariciaba su abdomen , bajado su mano ,lentamente hasta rozar con las yemas de sus dedos su entrepierna. Gimió ante ese leve contacto, se separó lentamente de ella.
Se sentaron a comer, la mesa era muy pequeña, estaba diseñada para una sola persona, se sentó frente a él. Era imposible no tocarse,   comieron deseándose, aprovechando cada movimiento para acariciarse, enlazaron sus piernas.
-te tengo atrapada.
Marian sonrió por respuesta.
Acariciaba su mano, mirándola tan intensamente que le resultaba muy difícil contenerse. Dibujaba con el dedo el contorno de su mano, subía y bajaba por los nudillo, se humedeció el dedo,  empezó a acariciar el ultimo nudillo, con movimientos circulares, Cerró los ojos, dejándose llevar por las sensaciones que le producía las caricias, estaba tan excitada que su cuerpo explosionó……….. . Abrió los ojos.
-ven –le dijo Manuel ofreciéndole su mano.
La guió hasta la cama, se tumbó dispuesta a ofrecerle su cuerpo.
Manuel se acostó a su lado, no podía dejar de mirarle. Adoraba cada centímetro de su piel,
Conocía su cuerpo lo suficiente para poder darle el placer que él se merecía.
-déjate llevar por lo que sientes, no sigas reprimiendo tus deseos. Deja a tu cuerpo que se exprese.
No podía, lo deseaba más que a nadie en este mundo, pero no podía reaccionar. Su cuerpo y su cerebro estaban a punto de estallar, se sentía como una olla a presión, en cualquier momento estallaría y perdería el control, sin embargo solo era capaz de mirarlo y desear acariciarle.
Cerró los ojos, mientras Manuel la desnudaba con ternura, mimando su cuerpo.
-te quiero, mi vida – dijo mientras introducía su miembro en ella.
Seguía con los ojos cerrados, disfrutando del roce de sus cuerpos, controlando para no acelerar el movimiento de la cadera y alargar lo más posible el placer que sentía al sentirlo dentro de ella.
Manuel sujetó sus muñecas, acelerando las embestidas, cada vez hacia más presión sobre sus muñecas. Lo odió, la rabia salía de ella cómo el vapor de una olla a presión.
-dime que estás sintiendo.
-¡suéltame!¡ya!
-¿te agobia sentirte atada?
-sí.
La soltó.
-ya está, tranquila.
-¡ya está qué! ¿Por qué me agobias? Imbécil. ¿A qué juegas?
-cierra, los ojos, nena.
Acariciaba su cuerpo, muy dulcemente, con tal delicadeza que casi no notaba el sus manos , le transmitía paz, sosiego.
Poco a poco fue sintiendo se mejor, más calmada.
Abrió los ojos y sonrió.
-¿estás mejor?
-ya pasó.
A partir de ese momento, fue capaz de disfrutar del acto de amor que Manuel le ofrecía, con sus caricias y sus besos. Sé sintió deseada y deseó, sin inhibiciones, recibiendo y dando.
Se quedaron abrazados mientras sus pulsaciones, volvían a la normalidad. Se sentía plena y llena de él, protegida entre sus brazos y su pecho, se quedó adormilada escuchando el latir sosegado de su corazón.
-no te duermas, cariño, tenemos que hablar de lo que ha pasado. ¿sabes lo que ha pasado?
-no quiero pensar en ello.
-as de hacerlo, creo que acabas de encontrar el porqué de tu culpa.
-quizá, no puedo hablar de ello.
-vale. Mírame cariño.
Levantó su cara para poder mirar sus ojos.
-Solo tenias cuatro años, no podías saber que era el sexo. No fue culpa tuya.

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