miércoles, 23 de febrero de 2011

DIA TONTO DE MANUEL


Estaba tumbada en el sillón de casa, hacia un día de perros, aire, lluvia, la luz se iba y venía, de internet no hablamos. Se levantó asqueada, si seguía tumbada acabaría por dormirse, lo que posiblemente le daría problemas a la noche. Se asomó a la ventana ¡qué día más horroroso! Me voy a tomar un café. Se puso un chubasquero, botas y salió de casa. No le gustaba nada usar paraguas, se puso la capucha se cerró bien el impermeable y siguió su camino. El bar estaba a uno setecientos metros de su casa, no se encontró con nadie por el camino, normal, ninguna persona en su sano juicio saldría a pasear un día como ese, a ella no le importaba nada mojarse, es más, casi se podía decir que le gustaba pero el viento la incordiaba un poco. Se quedó mirando un buen rato la corriente del río, era algo que le llamaba poderosamente la atención, el rugir del agua parecía que la llamaba, la atraía. Se quedó un buen rato, disfrutando del espectáculo, como siga así acabará por desbordarse, se le inundaría el jardín como ya había pasado en más ocasiones, mientras que el agua no llegue hasta la casa, no pasa nada.
Según Manuel solo había pasado una vez que se tenga constancia, todavía había una marca que habían hecho los anteriores dueños de la casa. No sabía nada de esas personas, había pensado muchas veces en investigar, pero nunca lo había hecho, como tantas cosas en las que pensaba y luego no hacía, algún día lo haré. Esa casa tenía algo, la primera vez que se fijó en ella, se quedó prendada, se acostumbró a ir a andar por esa zona, para poder verla, era muy antigua, como muchas casas en el pueblo, estaba muy bien conservada, ahí era donde Manuel la esperaba todas las mañanas para darle los buenos días, ¡las cosas que habían pasado desde entonces! ¿Qué estará haciendo? Ahora que lo pienso no me ha llamado en toda la tarde, eso es raro, con lo que le gusta a él el puñetero teléfono, por cierto ¿Dónde tengo el teléfono? ¡Madre mía! Ya la he liado. Volvió a la casa a por el teléfono, un poco enfadada, qué pesadez de teléfono, ¿Quién inventaría los móviles? Se  podía haber quedado ese día en su casa, vaya atadura, con lo despistada que soy yo. Recordó que lo había puesto en silencio cuando había ido al médico, claro por eso no ha sonado en toda la tarde, ¡vaya bronca que me espera! ¡Con lo nervioso que se pone cuando no contesto a sus llamadas! ¡Madre mía! Haber que le digo. Fue directa a por el teléfono, tenía siete llamadas perdidas de él, le llamó inmediatamente.
-hola guapo ¿qué haces?
-¿y tú? Llevo toda la tarde intentando hablar contigo.
-ya, lo siento, lo tenía en silencio.
-¿tú no piensas nada en mi verdad? Tú siempre a lo tuyo, no te apures, no sufras.
-vale, vale, lo siento, de verdad, lo he puesto en silencio cuando he ido al médico, luego se me ha olvidado, lo siento.
-excusas, nena.
-ya…..
-¿estás en casa? Hace un momento no estabas.
-ahora sí, he salido a dar una vuelta, a tomar un café pero me he acordado del teléfono y he vuelto.
-al bar no has ido, nadie te ha visto.
-vale, Manuel, ya está, no pasa nada estoy bien, siento ser tan despistada, intentaré que no vuelva a pasar.
-eso no te lo crees ni tú, que le vamos a hacer, la cachorrita es así. Hay partido ¿vamos al bar a verlo?
-como quieras, cenamos allí. Llamo a Luisa o ya has hablado tú con Fermín.
-llama tú, ¿paso a buscarte? Que sería lo más lógico, contigo nunca se sabe.
-¿vas a tardar mucho?
-no, voy saliendo.
-te espero.
Marcó el número de Luisa.
-¿ya has aparecido? Está negro.
-¡qué pesado! Tenía el móvil en silencio. ¿Te ha llamado?
-sí, todo preocupado, he estado a punto de acercarme a tu casa. No he ido por el tiempo.
-¿os animáis a ver el partido en el bar?, podemos cenar ahí
-da un poco de pereza con este tiempo, si Fermín se entera querrá ir, ¿a qué hora?
-una hora, más menos
-nos vemos.
Se arregló de forma especial, pensando en él, en cambiarle el mal humor, se puso el jersey verde que tanto  le gustaba a él, le quedaba demasiado ceñido para su gusto, pero bueno, vamos a hacerle un poco la pelota, incluso se maquilló un poco. Le pareció que tardaba demasiado, bueno ya vendrá, siempre venia derecho a casa y más sabiendo que le estaba esperando, no nos impacientemos, ya vendrá. La luz se volvió a ir,, aburrida se sentó en el sofá a esperar, se quedó adormilada, la despertó el sonido del teléfono.
-¿se puede saber donde andas, nena?
-en casa ¿Dónde si no?- contestó mal humorada.
-¿no habíamos quedado en el bar?
-no, en casa, si te parece podías venir a buscarme, si no es mucha molestia.
-si al final la que se va a enfadar va a ser ella, manda huevos.
-si quieres venir a buscarme estupendo, si no, sigo durmiendo, lo que sí sé es que no voy a discutir contigo ¿entendido?- se arrepintió al momento de hablar de esa forma.
Manuel colgó el teléfono sin contestarla .A los cinco minutos tocaba el timbre insistentemente. ¡Cómo estamos hoy! Haber como le doy yo la vuelta a esto. Salió de casa con su mejor sonrisa.
-¡hola guapo!
-que hay- contestó secamente.
Llegaron al bar sin abrir la boca.
-¿a donde te has ido sin decir nada?- preguntó Fermín.
-a por la señorita, parece ser que le molesta mojarse, cuando lleva toda la tarde en la calle.
-¿qué le pasa? –preguntó Fermín mirándola.
-está enfadado conmigo.
-¡peligro! En cuanto se reconcilien, presenciaremos una peli porno en vivo y directo.
-¡Fermín!- amonestó Luisa.
Se está haciendo el enfadado, pero no está enfadado, cada vez que lo miraba se encontraba con sus ojos, pero enseguida miraba para otro lado. Necesita que le haga caso, tendrá día tonto, si eso es lo que necesita, lo tendrá, se está haciendo el interesante.
-pide unas croquetas Fermín.
Le encantan las croquetas de aquí, vamos a mimarle un poco, lo voy a volver loco, ¡por Dios cómo me gusta! ¡ Qué guapo es!
Se sentaron los cuatro en una mesa, se sentó enfrente de ella, cuando siempre lo hacía a su lado.
-¿me das un trago de tu cerveza?
Le pasó el botellín mirándola de reojo, aprovechó para acariciar su mano y sonreírle.
Los dos hombres discutían acaloradamente, como siempre que hablaban de futbol, no se ponían nunca de acuerdo, no sé si hablan de jugadores, jugadas, o quizá la culpa la tuviera el entrenador, creo que da lo mismo, me parece a mí que lo hacen para desfogarse. ¡La que están liando! Le encanta obcecarle cuando discute de esa manera con Fermín, parece que les va la vida en ello, movía sus manos con firmeza, para dar más énfasis, a sus palabras, de vez en cuando la miraba de reojo, está tan pendiente él de mi, como yo de él, no lo hace abiertamente como otras veces, yo no voy a disimular, te sigo la pista colega, que lo sepas. Solo se les oía a ellos en el bar, nadie les hacía caso, todo el mundo estaba acostumbrado a sus discusiones, faltaban dos más para tener la batalla campal al completo. Yo creo que Fermín le está provocando para que chille más, seguro, le conoce tan bien como yo, he aprendido mucho observando a Fermín, él sabe cómo tratarlo en esos días tontos que a veces tiene, es curioso su comportamiento, es la persona más segura de sí misma que conozco, pero hay veces, muy pocas, que pierde totalmente esa seguridad.
-Marian vuelve, te lo estás comiendo con los ojos- le decía Luisa- me estoy aburriendo.
-¿qué pasa con esas croquetas Fermín?
-¿pequé  no se las pides a tu marido?
-porque tu estas más cerca. Deja a mi marido en paz que no te ha hecho nada.
-me está tocando lo huevos desde que ha venido.
-más quisieras tu cabrón.
La camarera dejó el aperitivo encima de la mesa, cogió una.
-toma , cariño – dijo ofreciéndole la croqueta.
Cuando Manuel la cogió ella retuvo su mano.
-¿me das un pedazo?
-¿A vosotros no se os va a pasar nunca la tontería? Si mi mujer me mira como lo hace la tuya, ya me la había llevado a casa hace rato.
Manuel sonrió complacido, mirándola. Ya va pasando, ya va cambiando la expresión de sus ojos. Fermín siempre ayudando, cómo sabe lo que tiene que decirle
La luz se fue, el bar se quedó a oscuras, estiró la mano buscando, enseguida sintió la mano de Manuel sobre la suya, acariciándola suavemente hasta cubrirla por completo, la envolvió entre sus manos, el contacto con su palma, la excitó emocional y sexualmente, sus pulsaciones se aceleraron, dirigiendo su mano hasta la mejilla, buscando caricias, pasó sus dedos por su frente, por sus ojos cerrados, el contorno de su nariz, ¡por Dios qué guapo es! Guió su mano hasta la boca, cubriéndola de besos dulces y apasionados a la vez. Alguien había puesto una vela sobre la mesa, no hacía falta los ojos de Manuel iluminaban la estancia.
-¿estás mejor?
Afirmó con la cabeza, sin apartar los ojos de ella, que tuvo que aguantar las ganas de llorar, al ver el brillo de sus ojos, por todo lo que la podía hacer sentir en un momento, con una suave caricia.
-te quiero , cariño.
- ala, venga- decía Fermín- que esas cosas se hacen en casa. Quien me iba a mi ha decir que iba a ver a este así. ¡Manda cojones!
Manuel reía satisfecho.
-casi no me lo creo ni yo, este es el mejor año de mi vida.
-vas a tener que darle un morreo, ya está llorando.
-y me va ha hacer llorar a mí.
-ala, venga, daros un morreo rapidito, que os conozco, vamos a jugar a cartas, que hoy partido no hay.
-no te beso- dijo acariciándole la mejilla- no me voy a conformar solo con eso.
-¡ya lo arregló! ¿No sois un poco mayores para tanta tontería? ¡Qué tenga yo que oír eso! Venga uno rapidito al baño, ya esperamos.
-¡Fermín!- recriminó Luisa- ¡vaya tarde que me estáis dando todos! ¿Echamos la partida o qué?
-venga , hombres contra mujeres.
-¿mus?
-yo no sé jugar al mus, chinchón.- Dijo Marian
-tu, cambia de sitio – dijo Fermín dándole una colleja a Manuel- que tu por mojar esta noche eres capaz de cualquier cosa.
Con lo bien que se me da a mí el chinchón os vais a enterar, pensó.
-saca unos bocadillos o algo, visto que cena tampoco va haber.
Empezaron la partida, los hombres cerraron varias veces seguidas, la verdad es que no estaba atendiendo mucho a sus cartas, bastante tenia con mirarle y sonreírle, se estaba fumando un purito, ¡cómo le gustaba verlo fumar! Cada vez que le daba una calada, la miraba, era como si sintiera sus labios sobre ella o se llevaba la copa a los labios mirándola. Luisa le dio con el pie, la miró de reojo, le estaba haciendo gestos con los ojos ¿qué quiere? Le estaba dibujando un siete con el dedo, ya me he enterado. Con el nuevo sistema cerraron varias veces seguidas, claro que a ella, siempre que hacía trampas le entraba la risa, había que disimular. Manuel reclamó su atención haciendo el tonto y claro no podía atender a las dos cosas a la vez. Luisa le pegaba patadas debajo de la mesa, pero no conseguía descifrar lo que quería decirle.
-¿a qué hora tenias hoy el médico Marian?- preguntó Manuel
-a las tres y media ¿por?
-pensaba que era a las cuatro- dijo Manuel guiñándole el ojo.
¡Dios pero qué guapo es!
-que le eches un cuatro ¡coño! – Dijo Fermín- lleva una hora diciéndotelo y no te enteras.
-nos están haciendo trampas, Marian.
-¡tramposos! No se puede jugar con vosotros.
-mira quién va a hablar,
-no sé qué es lo que  están haciendo, pero están haciendo trampas ¿porqué te crees que se han colocado así?
-aquí las únicas que estáis haciendo trampas sois vosotras, no nos habéis pillado en ninguna.
-si están haciendo trampas hay que anular la partida.- dijo Marian.
-tu misma, si anulas la partida sin pillarnos en ningún renuncio, perdéis.
-pues perdemos qué más da, solo es una partida.
-el que pierde paga, pásate por la barra.
-pues voy ¡que más da! Pagamos a medias, no es justo que solo pague uno,
-paga y luego hacemos cuentas- decía Fermín.
-dame la cartera, yo no llevo dinero- le dijo a Manuel
Fue levantarse y todo el mundo mirándola y murmurando ¡qué cabrones! Fue a la barra a pagar.
-¿has perdido Marian?
-no, hemos anulado.
-¿te han mandado a ti a pagar?¡qué cabrones! Mira como se rien.En este pueblo, pasar a pagar después de una partida, es como humillarse.
-ya, me he dado cuenta, por eso montan la de dios cuando pierden y les toca pagar, se van a enterar.
-deja claro y que todo el mundo se entere de que la partida se ha anulado.
En la mesa los tres se reían a carcajadas.
-ven aquí guapa- dijo Manuel agarrándola por la cintura- parece mentira con los años que llevas en el pueblo y todavía no sabes las costumbres.
-no me hagas la pelota que tu eres el peor de todos .- se dio la vuelta para que todo el mundo la escuchase- la partida se ha anulado, porque nos estaban haciendo trampas.
Risas por todo el bar.
-¡ala ya se ha enterado todo el mundo! Que tonta no soy y aprendo rápido, me voy a hacer una experta tramposa, os vais a enterar los tres.
-esta noche no mojas Manuel – decía Fermín riéndose.
-has estado todo el rato llamando mi atención, para despistarme, ya te vale, tu tranquilo que yo aprendo rápido, ya verás. La próxima no me pilláis.
 
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