lunes, 7 de febrero de 2011

capitulo 86 LA POZA

Caminaba rápidamente, como si alguien la persiguiera. Intentando dejar a tras sus malas sensaciones, deseando que lo que su cabeza le decía no fue más que producto de su imaginación, una historia que su cerebro había creado para buscar el fondo de su culpa, no podía reconocerla como cierta. Su padre siempre había sido el bueno, el que la cuidaba y la salvaba del mal humor de su madre, sabía que cuando él estaba no había palizas, las broncas no eran tan agresivas. Hacía mucho que había dejado de verlo como un héroe, pero de ahí a pensar en lo otro, era demasiado, no podía dar por buena esa teoría, pero los vagos recuerdos, estaban ahí, ya pero solo eran vagos recuerdos que se podían interpretar de mil maneras. ¡Qué barbaridades, estoy contando! ¿Qué pasa si no es cierto? ¿Y si todo es producto de mi imaginación?..
Se sentía mala, sucia, era basura, lo apreciaba por el mal olor corporal que llegaba a su olfato, necesitaba ducharse, para poder paliar un poco ese malestar, esa angustia que se iba apoderando de ella, quería llorar, las lagrimas se negaban a acudir a sus ojos. Volvía a tener la losa sobre los hombros, tubo que aminorar el paso, llevaba demasiada carga para poder andar ágilmente, No sabía el tiempo que llevaba andando, ni la distancia que había recorrido, se sintió perdida, la angustia y el miedo se apoderaron de ella, no la dejaban respirar con normalidad. El erizo empezó a hacer de las suyas, se movía por su estómago, se estiraba y se encogía, subía y bajaba.
Se apoyó en un árbol, protegiéndose el estómago con los brazos, quería vomitar, pero lo mismo que sus ojos, su  estómago se negaba a darle ese pequeño desahogo.
Tengo que intentar relajarme-pensó-se sentó en una roca e intentó normalizar la respiración.
Inspiraba profundamente retenía el aire y lo expulsaba despacio, después de repetirlo varias veces el erizo dejó de molestarla, aunque a lo mejor era más llevadero sentir las molestias del erizo que la angustia de sentirse sucia, sentir su mal olor corporal, si el erizo la molestaba, podía culparle a él de su desazón, de sentirse sucia ¿a quién podía culpar?
Siguió controlando su respiración, si me relajo pasará, siempre acaba pasando, volverá, pero por lo menos la culpa la dejaría un rato tranquila.
Le pareció oír el sonido del agua, ¡claro! Por aquí cerca hay un rio, Siguió el eco y enseguida lo vio. Le hizo ilusión, por lo menos podría mojarse los pies, hasta igual se atrevía a bañarse .Anduvo un rato por la orilla del, buscando un lugar donde sentarse, se descalzó, para poder ir andando por el agua, le llegaba el sonido de una cascada, como cuando debido a la lluvia el sonido de la presa del pueblo la llamaba, la atraía de tal manera que podía pasarse horas mirando la fuerza de la corriente. Anduvo, hasta que encontró la fuente del sonido, se quedó extasiada por su belleza, había encontrado la poza, tenía los pantalones mojados, salió del rio y siguió andando hasta que llego. Buscó un sitio donde sentarse, y poder tener los pies metidos en el agua.
Encontró el sitio perfecto para que la corriente masajeara sus doloridos pies, como si de su conciencia se tratase. Siguió controlando la respiración, inspiraba profundamente llenando sus pulmones del aire puro y limpio, reteniéndolo, para que sus células absorbieran esa pureza. Lanzaba el aire fuera de su cuerpo, intentando que lo malo que había en ella, saliese con él, que esa culpa que la corroía por dentro dejase de molestarla.
El sonido del agua la envolvió en un duerme vela.
Se sumergía en el agua, la corriente tiraba de ella, luchaba por flotar, cuando conseguía asomar la cabeza a la superficie, la corriente volvía a tirar de ella, sumergiéndola en las profundidades de la poza. Se dejó llevar sin luchar contra corriente, la sensación fue fantástica, se sintió libre, no había peso sobre sus hombros. La corriente la trasportaba muy suavemente, movía los brazos solo para ver como el agua pasaba por ellos. A su alrededor todo era descontrol, montones de objetos pasaban a su alrededor a una velocidad increíble, la esquivaban sin tocarla y seguían su camino. Necesitaba tomar aire, se impulsó a la superficie , llenó sus pulmones y se sumergió de nuevo, los objetos respetaban su camino, la dejaban pasar y luego salían desfilando, la corriente la acunaba, la mimaba, la llevó a lugares extraños donde todo con lo que se cruzaba parecía sonreírle, los objetos habían cambiado su rumbo, ahora venían frente a ella, pero seguían respetándola , se apartaban para no dañarla con su desfile desordenado .Una roca con forma de asiento se paró a su lado invitándola a sentarse, la corriente dejó de tirar de ella, en un momento estaba  sentada cómodamente en el fondo. Acarició el suelo, la vegetación mimaba su mano. Necesitaba llenar sus pulmones de aire, pero estaba tan bien, que no quiso moverse, a lo mejor si hago el esfuerzo mi cuerpo se acostumbra, y ya no vuelvo a necesitar respirar. Algo tiró de ella, impulsándola hacia la superficie.
Un leve sonido la sacó de su ilusión. Manuel estaba a su lado sonriéndole.
-hola cachorrita.
-hola guapo.
-¿estás bien?
Hizo un gesto con el afirmativo con la cabeza.
-está anocheciendo, ¿vamos?
-sabia que vendrías a buscarme.
El sol se escondía tras las montañas. Un escalofrió, recorrió su cuerpo. Manuel le pasó la cazadora por los hombros a la vez que la abrazaba dándole calor con su cuerpo.
-vamos a casa
-si.

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