sábado, 24 de marzo de 2012

¿QUÉ ANILLO?


BLA, BLA, BLA ¿Es que no piensa callar? O ¿está evitando el momento de quedarnos solos? ¿Por qué ha venido con José María? Si supiera las ganas que tengo de llegar a casa, estoy cansadísima, agotadita perdida. Además me debe una explicación que de ante mano sé que no voy a aceptar,  dejaré que hable, solo por…no se no como definirlo, en fin, que no diga que soy una intolerante y que no escucho.

Tendría que a ver venido sin avisar, sin que me espere, si es que soy boba, que le vamos a hacer. Ahora es él el que pasa su brazo por mi cintura, no le pego un manotazo porque tengo más educación que mala leche.

-¿te animas Marian?

-a qué.

-a cenar aquí, en Bilbo, con los hijos de José Mari.

-¿tus hijos viven aquí?

-sí, con mi ex mujer.

Si es que no hay ninguno que se libre, son todos iguales, este con su cara de bueno, mira, separado, a saber lo que habrá hecho. Tengo ganas de irme, pero en mi afán por disimular no me queda otra que decir que sí.

-como queráis.

Ahora es él el que intenta llamar mi atención, como siempre, con cara de no entender nada, no tiene morro este ni nada, si se cree que le voy a mirar lo lleva claro.

-¿vamos?

 Hago un gesto con los hombros. Como no se esté quieto con esa manita a lo mejor paso de la educación y se lleva un buen corte de mangas, a ver si así lo entiende. ¡Qué va a entender este! Se puede ser despistado, pero ¡coño! Si te quitas el anillo, por el motivo que sea, cuando viene la que te lo ha puesto, por lo menos te acuerdas de ponértelo, vamos digo yo, por lo menos si te  importa lo que piense la contraria. Si es que encima es bobo, va dejando pistas.

Me subo en la parte de atrás del coche, como no hace más que mirarme por el retrovisor, me quito del punto de mira. Gira la cabeza en el primer semáforo en rojo.

-¿todo bien, Marian?

-estupendamente, ¿lo preguntas por algo?

Hace un gesto con la cabeza ¡me pone del hígado que haga eso! Ya se lo qué pensará: “ya se le ha cruzado el cable” pues se me ha cruzado algo más que el cable, majo.

-hace un día estupendo.

Dice José Mari.

-allí estaba nublado.

-¿qué tal tienes el dedo Miguel?

-por lo menos no me pica.

La conciencia es lo que te pica a ti. Se habrá dado cuenta de que no lleva el anillo puesto e intentará buscar excusas, a mi me la va a dar este.

-esto de las alergias es la leche, te salen de un día para otro.

Qué casualidad, le va a salir alergia justo cuando falto unos días, a este lo que le pasa es que es alérgico al compromiso. A mí me la va a dar este. Aunque no lo entiendo, fue él el que se empeñó en que viviéramos juntos, fue él el primero en ponerme un anillo, que yo no pedí. ¿Entonces qué pasa? Ya lo entiendo, yo comprometida, marcada con un anillo, precioso por cierto. Yo no necesito un anillo para saber cual es su sitio en mi vida, para vetar cualquier intento de que nadie más entre en mi corazón, así que me lo voy a quitar, mira, yo también tengo alergia ¡qué casualidad! Si él no, yo tampoco.

El coche para, José Mari abre mi puerta.

-hazle algún mimo, que está malito.

Miguel se planta delante de mí con cara de cordero degollado y me enseña el dedo.

-¡madre mía!

Me alarmo.

-¿has ido al médico?

-no es necesario.
-vamos a una farmacia.

-ya he ido, ya me he dado una crema, está mejor. Hubiera sido mejor no decirle nada, ni se hubiera dado cuenta, ahora no me va a dejar tranquilo.

Dice mirando a José Mari.

-no, pues no me había dado cuenta, la vedad.

-toma guarda tu el anillo, que se me va a perder.
-¿Qué anillo?



Hasta mañana. Agur.



MARIAN.

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