viernes, 27 de enero de 2012

NO TENGO NADA QUE HABLAR CON ELLA.


Miguel me espera en el bar, hemos quedado con Fermín para hablar de mi problema, que curiosamente, no me  ha dejado dormir aún sin saber cuál es. Estoy hecha un manojo de nervios, me ve llegar y sin decir nada me pide una tila. Me mira con esa mirada suya de no te entiendo, no sé qué te pasa, que a veces me hace gracia, pero que en este momento me irrita, como si necesitase una escusa para discutir, aflojar el nudo de mi estómago. Mientras vuelvo loca a la tila, dándole vueltas con la cuchara, sin echar azúcar ni nada tengo la costumbre de remover cualquier líquido, meto la mano libre en su bolsillo buscando su mano. Sus caricias me tranquilizan momentáneamente tanto que ya no me apetece la tila.

-quiero un café.

Sonríe negando con la cabeza, este hombre no es de muchas palabras, pero se le entiende todo, parece decirme “no te lo crees ni tu”

-porfa.

-deja de marear las hiervas y tómatelas.

Intento sacar la mano de su bolsillo mostrando mi irritación, la agarra con fuerza y no me deja. No tengo motivos para enfadarme con él, pienso, no voy  provocar ninguna discusión, me tomaré la puta tila tranquilamente, sorbito a sorbito, quemándome la lengua, pero sin enfadarme, sin buscar ninguna discusión. Le miro de reojo y me encuentro esos ojos color miel que me miran sin saber que decirme, esperando no se qué, una mala contestación, quizá, una sonrisa, tal vez. Opto por sonreírle.

-nos esperan, ¿quieres hielo?

-vale.

Ahora es él, el que intenta sacar la mano del bolsillo, ahora soy yo la que se aferra a él con fuerza, impidiendo que la saque. Sin saber el motivo me entra la risa.

-no te entiendo, estás sufriendo, a ti te gusta sufrir eres un poco, qué digo un poco mucho pero mucho masoquista, si no, no hay explicación posible. ¿Vas a dilatar mucho el momento de saber cuál es el problema? Lo digo para llamar a Fermín. Ya sé que tú eres impuntual por norma, pero yo no, así que venga. Ahí tienes el vaso con el hielo, tómate de un trago las hierbas, deja de mirarme con cara de asesina, que yo no tengo la culpa y vamos.

-¿con qué cara te estoy mirando?

-deja de  perder el tiempo.

-vale.

Llegamos a casa de Fermín a la hora exacta, ni un minuto antes ni un minuto después, la hora exacta ¡por Dios me comen los nervios! Mi estómago está a punto de reventar. Nos abre la puerta él mismo, pasamos a la habitación que suele utilizar de despacho, ya he estado allí en otra ocasión. Nekane sentada en una silla.

-nos vamos

Digo, no tengo nada que hablar con ella, no quiero ni verla. Siento como mi sangre hierva, no quiero descontrolarme, así que me voy por donde he venido.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

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