lunes, 25 de julio de 2011

EL GRAN SUSTO


¡Qué raro! El coche Manuel delante de casa, son las seis, no es normal. Lo raro es que no me haya llamado para decirme que venía. ¡Qué nerviosa me pongo cuando las cosas cabían el orden! Y no soy especialmente ordenada, en algunas cosas soy un desastre. ¡Qué más da!

La luz del garaje encendida.

-¡hola!

Silencio, no está ¿míster perfecto se ha dejado la luz del garaje encendida? ¡Qué fuerte! Con la guerra que tiene con la compañía de la electricidad, va detrás de mí apagando luces. Dice que a esa manada de ladrones ni un céntimo de más.

-¡MANUEL!

-¡ESTOY EN LA SALA!

-Te has dejado la ¿qué te ha pasado? ¡Hay ama!

-nada tranquila nada grave, respira tranquila, siéntate. No pasa nada, solo es superficial, seis puntos de nada. Céntrate en la respiración. Marian, escúchame, cariño, respiración abdominal, coge aire al estomago, expúlsalo, venga cariño, no pasa nada, te asustas sin sentido. Controla la respiración, como si estuvieras de parto, venga ya sabes cómo se hace, que ya has parido. Ya estás mejor, muy bien sigue así, inspira y suelta el aire con fuerza. Ya va pasando, mírame cariño, no pasa nada, es muy aparatoso pero nada. Túmbate, apoya la cabeza en mis piernas, cuidado con lo que haces que estoy lesionado. Cierra los ojos, solo tu respiración, nada más. Cierra los ojos.

Negativa con la cabeza.

-vale, mírame, no es nada, nena, nada. Había agua en la cafetería, se ha resbalado una señora y he ido a ayudarla, me he resbalado y me he dado un golpe con una silla, nada más. No he tenido que ir ni al hospital en el ambulatorio me han curado. Respira mientras me escuchas, coge aire retenlo un momento y expúlsalo con fuerza, no pienses en nada más que en tu respiración, mira seis puntos me han dado, dice el médico que mañana tendré la cara toda morada, no podré ir a trabajar, tendrás que cuidarme. También ha dicho que seguramente me dolerá todo el cuerpo, me ha dado unos calmantes luego tomaré, de momento no me hace falta solo estoy un poco dolorido. Mírame a que estoy guapo con tanto colorido, mañana tendrás que darme un repaso porque me saldrán unos cuantos moratones por el cuerpo. Tienes que estar tranquila para cuidarme, ya sabes lo quejoso que soy. Pobre señora, no veas la cara de susto que ha puesto cuando me he caído, casi la aplasto. Ya estás mejor, sigue centrada en la respiración. Algún masajito me vendría bien, con una sonrisa tuya creo que dejaría de dolerme la cabeza, hazlo mejor, ponle un poco más de ganas ¡sosa! He dicho sonrisa, llorar no. No me has entendido bien, sonrisa ¡pues si que sonríes tu raro! Ya va pasando el susto. Ya puedes ir sacando el genio. ¿No me vas a reñir por no haber tenido cuidado?  Bueno te dejo que llores solo un poco, déjalo para cuando la palme, de momento no tengo intenciones así que un poco de lloriqueo y venga a atenderme ¿para qué te crees que me casé contigo? Tienes que hacerme la cena estoy hambriento, un consejo te voy a dar, es mejor que me tome el calmante antes de que empiece a dolerme si no te voy a dar la noche. Venga a hacer la cena, la quiero rica esmérate un poco, no seas tan sosa cocinando ¡sosa! atiende bien a tu marido. No me dijiste nada de que no te gustaba cocinar, solo me hablaste de que no te iba eso de fregar platos, tenias que haberme avisado.

-¡calla un rato! ¡Por Dios! Luego dirás que yo cojo carrerilla  y no paro. Lloro porque me da la gana y punto. No se te ocurra volver a pegarme otro susto así ¡tonto del culo! ¿Te duele?

-un poco

-¿solo un poco?

-bueno, mucho, muchísimo.

-¡quejica!, ¡no será para tanto!

¡Llegó el día siguiente! Precedido de una tortuosa noche de quejidos lastimeros. Manuel casi no se podía mover, ella estaba aún demasiado nerviosa y asustada para ignorarle, para tener en cuenta el mal humor del ¡señor Manuel! se desvivió por él, no le faltó de nada ¡nada! Se comportó como un corderito obediente, yendo y viniendo de la cocina a la habitación ochenta veces por segundo. Alarmada por los alaridos del lobo herido. Según iba pasando la mañana tubo tentaciones de narcotizarlo, aumentar la dosis del calmante, solo por conseguir estar media hora tranquila, ¡solo media horita de nada! Sólo poder tomar un café a la paz de Dios, ¡solo uno! La noche había sido larga, larguísima, los nervios no la dejaron dormir, si conseguida quedarse un momento traspuesta, enseguida la despertaban sus ¡hay! Estuvo pendiente de cada quejido, de cómo aliviar el exagerado sufrimiento, lo atendió como a un rey ¡mejor! El cansancio hacia mella en ella, las ojeras le llegaban hasta los pies ¡Dios! ¿Cómo es posible que se trasforme en un ser tan insoportable? ¿Qué ha sido de mi Manolo? Tan paciente y considerado, al que he aprendido a llevar tan bien que se cómo hacer que se la pase el mal humor. A este que está en la cama no hay manera, ni aunque le baile en pelotas, seguro que me saca faltas. Este tipo que está en mi cama, es un mandón, egoísta, desconsiderado, protestón ¡si hasta me mira mal! ¡Este de qué va! Me va a desgastar el nombre, Marian por aquí, Marian por allá ¡ya está bien! Se acabó mi paciencia.

-¡MARIAN!

-¡QUE!

-¡SUBE!

Al cielo directa, me lo he ganado. A ver qué parte de la nariz le pica ahora.

-nena, no quiero que te asustes, quiero que me lleves al hospital, me duele mucho la cabeza.

-ahora mismo, me visto y nos vamos.

-ya estás vestida, el que tiene que vestirse soy yo.

-sí, sí, ya te saco la ropa.

-vale, pero lo hacemos tranquilamente, sin prisas, solo vamos a descartar, ayer no quise ir. Creo que deberíamos ir.

-que sí, que si, no pasa nada, sin nervios, se va y punto. Te ayudo a vestirte.

-tendrás que conducir tu, estoy un poco mareado.

-me estás preocupando.

-no pasa nada, no llores.

-lo intento.

No voy a terminar la historia. Manuel se fue, han pasado tres años de su marcha, de que su cuerpo dejara de existir. El sigue conmigo, él ha guiado mi mano en este año que llevo escribiendo nuestra historia.

No voy a contar como fue la última semana, permitirme me que me lo guarde.
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