lunes, 23 de abril de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
SI LLEGO A SABER LO QUE HOY SE……..TODO HUBIERA SIDO DISTINTO.
La visión de ese hombre que dice ser mi padre, me produce
indiferencia, no siento nada, miro a ese anciano tendido en la cama del
hospital, que aparentemente no se entera de nada, está un poco sedado. Mi
hermana dice que pregunta constantemente por mí, algo que sinceramente me
extraña. Porque me mira sin verme, así que creo que es algo que mi hermana se a
sacado de la manga, nunca se ha preocupado por mí, ni por ninguna de sus hijas.
Quizá eso no sea del todo cierto, porque de la mayor si se ha preocupado. En
fin, ya es tarde para reproches, me siento cerca de la cama, sin saber muy bien
el motivo, no quiero tocarle ni darle un beso, no me sale. Miguel se ha quedado
fuera, salgo a buscarle, quiero que esté a mi lado, me preocupa ese no sentir
nada, esa indiferencia ante este hombre que me mira sin verme con ojos
vidriosos. De esta sale, pienso.
Me mira y sonríe.
-¿qué tal todo por casa? ¿Qué tal las niñas?
No es la primera vez que me equivoca con mi madre, parece
ser que nos parecemos mucho.
-soy Marian, aita.
Sonríe y vuelve a cerrar los ojos. Me siento tan apática que
no soy capaz ni de llevar una conversación con mis hermanas. Llevo la coraza
bien puesta, está claro, todo me da lo mismo.
Rememoro la muerte de mi madre en ese momento. El que
entonces era mi marido, Oscar, no se hablaba con mi familia, no pude estar
donde debía por no ser capaz de enfrentarme a él, si entonces llego a saber lo
que hoy sé… Todo hubiera sido distinto, muy distinto. Cuando me avisaron de que
le quedaban pocas horas salí corriendo, Oscar me acompañó, pero no permitió que
mostrara mis sentimientos en ese momento, como siempre. Entré sola a la
habitación, allí me desmoroné. Me impresiono muchísimo, estaba ya sedada, allí
estuve hasta el su último aliento. Si llego a saber lo que hoy sé ¡qué pena!
¡Qué injusta es la vida! Han pasado muchos años de su marcha y muchas cosas. No
voy a justificar ahora su comportamiento conmigo, me faltó lo más importante su
amor, eso es insustituible, pero hoy sé que su vida fue muy dura, que quizá no
lo hizo bien, pero lo hizo lo mejor que supo o pudo. Ya me reconcilié con ella, pos morten, pero
lo hice, la coloqué en su sitio.
-¿las niñas están abajo? ¿Las has traído?
-aita, soy Marian.
Digo intentando no mostrar mis sentimientos o mejor dicho
mis no sentimientos. Está atado, mejor, no quiero ni pensar en que me ponga la
mano encima.
Llega la noche, todo sigue igual, este sale, pienso, no es
la primera vez que está al borde y luego remonta.
-vamos a dormir a casa.
Le digo a Miguel.
-tú decides.
Paso la noche sin poder pegar ojo. Con su imagen en mi
cabeza y deseando volver.
Hasta mañana. Agur.
MARIAN
domingo, 15 de abril de 2012
NO SOY CAPAZ DE PERDONARLE
Las horas pasan, sigo sin tomar una decisión con respecto a
mi padre, no quiero ir, pero sé que debo hacerlo, lamentaré el resto de mi vida
no haber hecho lo correcto, no estar donde debía.
¿Dónde estaba él cuando salí de mi casa con una maleta y una
niña de dos años en brazos? ¿Dónde estaba él, cuando mi madre me reñía sin
parar? ¿Qué lugar ha ocupado en mi vida?
A pasado de ser mi ídolo de la niñez a no poder verle, a
darme asco su presencia, antes de recordar lo que pasó, no podía verle. Me ha
costado mucho ponerlo en su sitio, no fue tan buen padre como yo imaginaba,
todo lo contrario, lo que pasó con él ha marcado mi vida, aún sin tener un
recuerdo concreto del acto, pero sé que pasó.
Mi cabeza da vueltas y vueltas, sin ser capaz de tomar una
determinación.
-no soy capaz de perdonarle.
-no podrás hacerlo si no te enfadas con él, si no asumes que
abusó de ti no puedes enfadarte con él, sin enfado no hay reconciliación.
-¿qué tengo que hacer? ¿Ir y montar un escándalo?
-ni mucho menos, es un trabajo interno tuyo, tienes que
asumir lo que pasó, tienes que enfadarte y luego perdonarle.
-¿si estuvieras en mi lugar irías a verle?
-si, pero por ti no por él, si tuvieras claro que no deseas
verle, no te estarías haciendo esa pregunta. Ve, despídete de él, es tu padre
mal que te pese, gracias a él estás en este mundo. Hasta yo en condiciones
normales le daría las gracias por ello. Ve, Marian, conociéndote vas a sentirte
mal si no lo haces.
-¿me acompañas?
-por supuesto.
-¿cómo voy a ir así? ¡Tengo una pinta!
-venga, haz esas cosas que tú haces, pero ligerito, ya hemos
perdido mucho tiempo.
-habrá más gente, familia a la que hace muchísimo que no
veo. Voy a intentar arreglarme lo mejor posible, es una tontería mía, pero no
me gusta que me vean mal.
-Marian, vas a ir a ver a tu padre que se está muriendo, asúmelo,
no vas de paseo, ¿te das cuenta de lo que haces? Entretienes tu cabeza con
bobadas para no ver.
-lo sé, pero es que si ni acabaría mal, Teno que hacerlo
así.
-seguirás cayendo una y otra vez.
HASTA MAÑANA. AGUR.
MARIAN
sábado, 14 de abril de 2012
ME LA ESTÁS PEGANDO ¡CONFIESA!
Espera pacientemente a que mi llantina pase, ajeno por
completo a los motivos reales de ese llanto que pasa de querer dar pena a la rabia.
Me abraza con fuerza, poco a poco va pasando la crisis, por llamarlo de alguna
manera, vuelvo al presente. A ese no saber qué hacer con mi padre, a ese saber
que estoy quedando fatal, por no estar donde se supone que me corresponde. El
picor ha pasado, los nervios no. Me deshice del erizo que habitaba en mi
estómago, eso creo, ahora aparece otro síntoma olvidado, no recuerdo cuando
pasé por esto, pero se me hace conocido.
-enseguida vuelvo.
¡Tiene una manía de irse sin decirme donde va! Pero yo
tranquila, sé que vuelve, creo que ha ido a tomar un poco el aire, que no me
extraña. Lo escucho entrar en la casa, trastear en la cocina, no sé el tiempo
que ha pasado fuera, no sé si ha sido un minuto o sesenta.
-ten, toma esto, te sentará bien y podrás descansar.
Me ofrece un vaso de agua y una pastilla.
Voy a acostarme, esperando que la pastilla haga su efecto,
que mis músculos vayan relajándose, mi cerebro deje de funcionar, que el sueño
vaya apoderándose de mí. No lo consigo, la cama se me hace grande, me
impaciento. Mis músculos siguen tensos mi cabeza se llena de preguntas. Miguel
entra en la habitación, besa mi frente.
-dame otra, no me hace efecto, alguna vez me ha pasado.
Vuelve con una tila y otra pastilla.
Cierro los ojos esperando un descanso que no llega, me
impaciento. Se acuesta a mi lado y comienza a masajear mi espalda, me incomoda.
-¡déjame!
Se aparta, pero sigue recostado a mi lado.
-lo siento.
Hace un gesto muy suyo con los hombros, su cara refleja
impotencia, eso me hace daño. Me acerco a él buscando sus brazos, un poco
dubitativo pero reacciona, abrazándome con tanta fuerza que me pongo a llorar
de nuevo al sentir su apoyo y cariño.
-¿tan difícil es de entender?
-¿qué?
-¿tu distingues entre amor y sexo?
-por supuesto, de todas maneras el amor a tu pareja te lleva
a la necesidad de sexo, es una reacción natural entre un hombre y una mujer.
-¿entre un padre y una hija?
-por supuesto que no, ahí solo entra el amor.
-pues eso.
-te convendría hablar de ello.
-todavía no puedo, ahora ya sabes cuál es el problema con mi
padre.
-¡hijo puta!
-es mi padre.
-y tu abuela una santa pero su hijo un hijo puta. Dilo, mi
padre es un hijo puta.
-no puedo. Siento asco cuando le veo, no quiero verle, pero
tampoco puedo insultarle.
-tienes que estar enfadada con él, no reaccionas, estás
parada en el momento, enfádate con él, es la única manera.
-no tengo un recuerdo completo solo son flases, frases,
momentos. ¿Y si estoy equivocada?
-no, lo que te sucede es que tú misma prefieres dudarlo, si
te enfadases, si dejases de controlar lo que sientes, te ayudaría a recordar.
-a pesar de las dudas, siento mucha vergüenza, mucha
culpabilidad, aun sabiendo que no tuve la culpa, pero no puedo evitarlo.
-el primer paso es enfadarte con él, no negarte algo que
sabes que es cierto.
-hueles muy bien. Es agradable estar en tus brazos. Mi padre
olía mal, bebía, siempre olía a alcohol. No me han hecho nada las pastillas,
has sido tú.
-me alegro.
-no sé que me da señor Miguelito, que me la estás dando con
queso. Mira que a veces parezco tonta pero no lo soy, solo me lo hago.
-¿porqué dices eso?
-¿qué pastillas me estás dando?
-no sé, unas que me he encontrado por ahí.
-confiesa.
-¿te vas a enfadar conmigo?
Esa sonrisa suya me cautiva.
-no. Confiesa.
-son caramelos, lo curioso es el efecto que hacen en ti.
-no me han hecho efecto.
-hoy no, otras veces sí.
-¿lo has hecho más veces?
-unas cuantas.
-¡vaya manera de tomarme el pelo!
Hasta mañana. Agur
MARIAN
miércoles, 11 de abril de 2012
¿QUE TE HA HECHO TU PADRE?
Mis intentos por disimular nulos, es tal mi agitación mental
y física, que me es imposible controlar mi reacción. Miguel me mira con cara de
no entender, controlo lo único que en ese momento puedo, mi lengua, no sé ni
quiero darle una explicación de mi estado. Vuelvo a tener unos deseos
incontrolables de ducharme, como si así pudiera aliviar la suciedad que siento
en ese momento, aliviar el picor que escuece mi piel, le pido que me acompañe,
sigue mis pasos sin decir nada, al momento me arrepiento, sé que es Miguel, que
no va a hacerme nada que no deba, que me quiere y me respeta ¿cómo mi padre? ¡Dios!
No quiero despreciarle pero no puedo contarle los motivos de mi estado. No me
sale, no estoy preparada para ello, aún siento vergüenza, culpa, aunque sepa
que no tiene sentido, no puedo evitarlo. No he avanzado nada, necesito ayuda,
pero no sé cómo conseguirla.
El teléfono suena, sale del baño aliviado, no he visto su
gesto pero lo sé, está tan perdido como yo. Aprovecho su ausencia para meterme
en la ducha, el agua quema mi piel, giro el grifo del agua fría, un buen chorro
aliviará la quemazón de mi piel, esto nunca me había pasado, el agua fría
alivia momentáneamente el síntoma físico. Me doy la vuelta para salir de la
ducha, él me espera con el albornoz en la mano, sonriendo con los brazos
abiertos, en un momento de serena lucidez dejo que me arrope, que me ponga el
albornoz, sentir sus brazos sobre mi cuerpo me sumerge en un sentimiento
contradictorio, la protección de su abrazo me gusta me calma y a la vez siento
deseos de rechazarle, no lo hago. Intento controlar hasta el más mínimo gesto
de mi cara cuando se separa de mí para mirarme, bajo los ojos avergonzada, no
puedo sostener su mirada.
-lo siento.
-mírame, Marian ¿qué es lo que sientes?
-lo siento, no puedo hablar de ello.
-¿qué te ha hecho tu padre?
-nada, de verdad, son cosas mías, no sé porqué me he puesto
así, estoy muy nerviosa. Si pudieras conseguirme algo para tomar te lo
agradecería. Lo siento, no puedo ir a verle y sintiéndolo mucho no voy a ir a
trabajar, hoy no puedo. Solo quiero calmarme, retomar mi serenidad, mi sentido
común, para eso tengo que estar sola.
-no voy a dejarte sola, no estás sola. No me eches de tu
lado cada vez que te pasan estas cosas, porque
ya no me voy a ir, ¿qué clase de persona piensas que soy?
-no quiero discutir contigo, lo siento, prefiero estar sola.
Digo controlando cada silaba que sale por mi boca.
-si me voy no vuelvo.
Muerdo mi lengua por no soltar lo que acude a ella, en este
momento no quiero verle, quiero estar ola, pero no quiero que desaparezca de mi
vida, así que hago lo único que puedo hacer, llorar, llorar hasta hartarme,
lloro desesperadamente buscando perdón, no es a él al que lloro, no, busco el
perdón de mi padre, sabiendo que no tiene sentido, pero sintiendo que algo muy
malo debí de hacer para semejante trato. Sintiéndome una niña pequeña, sin
entender qué pasa, yo solo buscaba la protección de sus brazos, su cariño. Sigo
arrastrando mi culpa, mis picores que según escribo tengo que parar a rascarme.
Lo dejo por hoy. Hay muchas preguntas sin respuesta todavía, mucha culpa mal
dirigida, mucha vergüenza porqué quizá tuve lo que busqué ¡por Dios! Me
horroriza el pensamiento, porque no señores, yo solo tenía tres años y mucha
necesidad de cariño, lo demás él se lo sacó de la manga, me pasó su culpa y su
vergüenza, porque lo que yo siento deberían ser sus sentimientos no los míos,
solo tenía tres años. Si ya se todo esto, si racionalmente lo pienso, ¿porqué
sigo sintiéndome culpable? ¿Porqué sigo protegiéndole? No lo sé. ¿Quizá ha
llegado el momento de perdonar?
Hasta mañana. Agur.
MARIAN
martes, 10 de abril de 2012
ME PICA TODO ¡TODO! ¡DIOS! ¡QUÉ ESTÁ PASANDO?
Me despierta el teléfono, las alarmas alucinógenas de mi
cerebro suenan todas a la vez. En los pocos segundos que tardo en coger el
teléfono, pasan por mi cabeza cientos de catástrofes, nadie llama a estas horas
si todo va bien. La voz de mi hermana me estremece, no entiendo lo que dice,
intento calmarla, imposible, solo consigo llorar con ella. Miguel me quita el teléfono.
Miro la hora ¡me he dormido! Son las nueve de la mañana, mi
nerviosismo se incrementa ¡dios qué desastre! Empiezo a andar de un lado para
otro, quiero saber que pasa con mi hermana pero también debo irme a trabajar
inmediatamente.
-es tu padre, Marian, está mal.
¡Vaya noticia! ¿Alguna vez ha estado bien? Me siento mal por
ese pensamiento, tengo que irme a trabajar, es muy tarde ya.
-Marian.
-¡qué!
-tu hermana quiere que vayas.
Tengo que trabajar, estamos a tope, no puedo faltar. ¡Dios!
¡Qué mal momento! Ahora no pedo abandonar mi trabajo, ni hablar.
-Marian.
-¡qué!
-¿me escuchas?
-sí, pero tengo que ir
a trabajar, no puedo faltar.
-tienes que ir.
-no puedo ir, tengo cosas que hacer.
-no hay nada más importante en este momento que despedirte
de tu padre.
-no, lo siento, no puedo ir, no, no, no, ¡joder! No puedo,
lo siento.
-no sé qué problema has tenido con tu padre, pero es el
momento de resolverlo.
-ningún problema, la vida nos ha separado, no pasa nada,
solo que no puedo ir, lo siento de verdad.
-te vas a arrepentir, luego será demasiado tarde, lo que
tengas que hacer respecto a él ahora es el momento de resolverlo.
-no. ¡No hay nada que resolver!
-está histérica, no piensas lo que dices.
-no es la primera vez que ha estado al borde de eso y luego
a remontado, ya iré otro día.
-¿al borde de qué Marian?
-nada, nada, no le des importancia, ya iré otro día.
-vamos a ir hoy, voy un momento al ayuntamiento y en media
hora estoy aquí, espero que me estés esperando aquí.
Y se va, me deja dando vueltas por la casa, nerviosita
perdida, perdida en mi bosque interno, con el cuerpo lleno de zarzas que pican,
me pica todo el cuerpo, las moras ¿qué moras? Las que iba a recoger con él,
¡dios! Estoy desvariando, mi cabeza va de un lado a otro, a cuando las comíamos
con vino, en casa, todos juntos ¿eso es un buen recuerdo? Si claro, a lo mejor
es el inicio de algún mal recuerdo, pero no lo encuentro, solo encuentro sus
cuidados cuando las ortigas me picaban o
cuando algún mosquito dejaba huella en mi piel, no recuerdo que me daba, pero
me calmaba, me tranquilizaba, estoy desvariando, pero el picor de mi cuerpo es
real, me pica todo ¡todo! ¡Dios! ¿Qué está pasando? Tengo que tranquilizarme,
tengo que ir a verle, pero no puedo, imposible, mejor me voy trabajar, no puedo. No puedo ir a verle ni a
trabajar tampoco, pues me quedo en casa, diga Miguel lo que quiera, no me muevo
de casa, que pase lo que dios quiera.
Me tumbo en el sofá, el picor de mi cuerpo no me deja estar
quieta, esto es nuevo, un nuevo síntoma, ¿qué significa? ¿Qué hago?, me faltan,
manos para rascarme, él me rascaba, eso es,
me estoy poniendo mala, voy a darme una ducha, no puedo desnudarme,
siento asco, ganas de vomitar. Necesito un tranquilizante, lo que sea que me
ayude a pasar este momento, que me quite el picor molesto de mi cuerpo, que me
permita analizar qué está pasando, mi cabeza está hecha un lio. Llega Miguel,
¿qué le digo yo ahora?
HASTA MAÑANA. AGUR.
MARIAN
miércoles, 4 de abril de 2012
¿QUÉ LE PASARÁ AHORA?
Vengo de hablar con Joxetxo, de explicarle la situación, con
los nervios a flor de piel y no por la caótica situación, si no por su
reacción, más bien por su no reacción. No entiendo como alguien en su situación
me mira se encoge de hombros y dice es lo que hay. Ese conformismo me pudre,
ese asumir una derrota sin protestar, no va conmigo.
Necesito hablar con alguien, no puedo ir así a trabajar, así
que me acerco al ayuntamiento a ver a….. Todavía no sé cómo llamarle, como no
se me ocurre de momento nada mejor seguiré llamándole alcalde, entre nosotros.
Está ocupado, vaya por Dios. Bajo a tomar un café y me encuentro con Luisa, es
mi amiga, le hago muchas confidencias, pero no me apetece hablar del tema con
ella. Joxetxo es primo de su marido, por cierto. Paso el tiempo hablando de
chorradas, nos encanta hacer eso. Al rato aparece Miguel, mi alcalde.
-¿has hablado con Joxetxo?
Me pregunta sin saludar ni nada, me sienta fatal, no quería
sacar el tema delante de Luisa.
-no.
Le digo mirándole, esperando su discreción.
-¿a qué esperas?
-luego.
-¿no habías quedado con él?
Me está poniendo negra, así que decido irme a trabajar.
-me voy a trabajar.
-te llevo.
Ya en el coche y sin mirarle sé que me mira de reojo, con
esa cara muy suya de” ¿qué le pasará ahora?”. Estoy de un humor horroroso, sé
que él no tiene la culpa, pero sé que haga lo que haga me va a sentar mal, no
quiero discutir con él, más bien no debería pagar con él mi mal momento.
-suéltalo, venga descarga.
Encima provoca, pero no, no pienso pagarlo con él, si es que
soy capaz de controlarlo. Enciendo un cigarro y le sonrío. Se ríe, con esa risa
contagiosa que él tiene, que normalmente me hace gracia, pero que en este
momento no.
-qué día más malo ha salido hoy, una pena, con la semana tan
bonita que hemos tenido.
-¿has hablado con Joxetxo?
-si.
-¿y?
-se ha encogido de hombros, me dan ganas de darle un meneo
para que reaccione, su no reacción no es normal.
-no es asunto tuyo.
-sí lo es. La casa es mía, me siento responsable.
-de lo único que eres responsable es de solucionar tu vida,
no la suya, ¿vas a permitir que te quitan la casa sin luchar?
-no me van a quitar esa casa, no sé como lo voy a
solucionar, pero esa casa es mía.
-¿qué me dices del hotel? ¿Vas a permitir que te lo quiten?
¿Vas a permitir que toda tu gente, como tú los llamas, se queden sin trabajo?
-no. Se habla mucho
de los bancos, pero nadie habla de la administración, de hacienda, de la
seguridad social, son peores. No atienden a razones. Solo quieren dinero sin
pensar en el mal que ocasionan para conseguirlo. Nunca me he negado a pagar,
pero con las condiciones que me ponen es imposible. Estamos todos cobrando
cuatro duros, aguantando como sea hasta que pase la tormenta, las cuentas están
claras para todos, no hay ni trampa ni cartón. La gente que debía de estar
exigiendo por que trabajan más que antes, cobran menos y no les llega, hay dos personas con
problemas serios por falta de ingresos, siguen dándolo todo sin protestar,
haciendo su trabajo lo mejor que pueden. Miguel, tenemos que hacer algo, ahora
me siento en un callejón sin salida, no sé para donde tirar.
-ahí es donde tienes que emplear tu energía, no en Joxetxo,
que se las apañe. Hasta ahora ha vivido cómodamente en tu casa, se le ha
acabado el chollo.
-¿no te gusta que ocupe esa casa?
-no. Siempre me ha
parecido un getas, cierra de una vez esa puerta, que sea el hermano del difunto
Manuel no significa que tenga que vivir por la cara en tu casa.
-¿estás celoso?
-un poco. Termina de cerrar esa puerta. Podías alquilar la
casa.
-gracias.
-¿porqué me das las gracias? Te estoy presionando.
-por ser tu, por hablar conmigo, por la infinita paciencia
que tienes conmigo, fíjate que pensaba que íbamos a terminar discutiendo. ¿tú
me quieres?
-más que a mi vida.
Hasta mañana. Agur.
MARIAN
lunes, 2 de abril de 2012
ODIO CUANDO ME LLAMAS ALCALDE
-¡Egunon alcalde!
-¡odio cuando me llamas alcalde!
-¡qué!
-lo que has oído ¿te has quedado sorda?
-nos hemos despertado de mal humor, no pasa nada, ya soportaré tu mala leche, además tú te enfadas poco, eso no es normal, hoy te dejaré que estés un rato enfadado….
-calla un rato lo único que te he dicho es que no me gusta que me llames alcalde, busca otra forma más cariñosa de dirigirte a mí.
Eso tengo que pensarlo, ¿cómo querrá que le llame? Todas las cosas que se me ocurren me parecen horteradas. Lo tendré que pensar más detenidamente, a mi lo alcalde me gusta, no sé porqué, será porque es la primera vez que me codeo con algún alto cargo, dicho así suena muy rimbombante, porque aquí el alcalde es uno más, no estoy muy segura de eso.
-¿qué es lo que piensas?
-nada en concreto, ¿por?
-por nada, solo observaba tu cara, no sabes la cantidad de gestos que haces.
-¿eso también te molesta?
-no, de hecho me hace gracia.
-sonríe un poco pues, que estás muy serio, que si tienes mal día, no pasa nada, nos aguantamos y punto pelotas. ¿Qué vamos a hacer hoy? No hemos hecho ningún plan, ¿te apetece algo en concreto? Si no me equivoco, que no, hoy es domingo, ¿te estás durmiendo?
-te escucho, sigue.
-digo que podíamos salir a comer por ahí, a cualquier lado, fuera del pueblo al poder ser. Me apetece arreglarme, tengo día coqueto, tengo un montón de ropa que hace mucho no me pongo, como casi nunca salimos del pueblo, eso es lo que vamos a hacer. ¿Me escuchas?
-sí.
-¡contéstame!
-acabo de contestarte.
-¿qué te he dicho?
-pues eso, tenemos que hacer planes.
-no me estás haciendo ni puñetero caso, ya me callo.
Pues yo tengo ganas de hablar, aunque para hablar sola, no sería la primera ni la última vez, de hecho lo hago muy a menudo.
-me apetece andar, podíamos coger unos bocadillos e irnos por ahí, andando andando, hasta la china ¿Qué te parece?
-como quieras.
-podíamos comer con los chinitos y vuelta, no sería mala idea, entre ir y volver pasaríamos el rato. Eso sí, llegaríamos cansados, es mejor que dejes la cena hecha, ¿qué te parece?
-como quieras.
-ya puestos, podíamos darnos una vuelta por Rusia, andando, andando, se llega a cualquier lado, ¡mira! podíamos quedarnos a cenar por ahí, unos cuantos chupitos de vozca y vuelta ¿cómo lo ves?
-estupendo
-ya puestos, damos un salto y hacemos noche en Nueva york, vemos la torre iffel.
Está roncando.
-¿quieres escucharme?
-te escucho.
-si como la trucha al truco.
-la trucha y el trucho se quieren, no se escuchan.
-lo mismo que tú haces en este momento.
Hasta mañana. Agur.
MARIAN
domingo, 1 de abril de 2012
IMPOTENCIA
Presionada por la seguridad social, las agobiantes circunstancias, la necesidad de salir adelante como sea, porque el poco dinero que tengo va llegando a su fin, quita y no pon se acabó el montón, las necesidades de las personas a las que he aprendido a respetar, por su fuerza y valentía. Decido poner mi casa en venta, la casa que tanto me costó pagar que se libró varias veces del embargo, por la que luché con uñas y dientes. Que ahora no uso, ni me acerco a esa zona del pueblo. En ella vive, Joxetxo, hermano de Manuel. En su día se ofreció a comprarla, no quise deshacerme de ella, ahora ha llegado el momento. Se la ofrezco a un precio razonable o eso pensaba yo, hasta que viene un tasador, primer disgusto. Lo asumo y sigo para adelante con la venta. El banco deniega el préstamo a Joxetxo, la empresa en la que trabaja está en ERE, le han bajado el sueldo, el futuro de la empresa es incierto, segundo disgusto. Dice que hay una remota posibilidad de conseguir financiación si consigue avalista. Lo asumo y me ofrezco.
Tercer disgusto, la seguridad social me ha inscrito en una lista de morosos que no me permite ser avalista.
Impotente me reúno con un empleado de recaudación, le explico el caso, le digo que podré hacer frente a parte de la deuda si consigo vender la casa, pero que para eso tengo que salir de la engorrosa lista. Me dice que la única forma es solicitando un aplazamiento, para lo cual necesito tener un veinte por ciento de la deuda, que evidentemente no poseo, si así fuera, el problema estaría resuelto hacia tiempo. Impotente escucho sus amenazas, si no pago en corto espacio de tiempo, sacará mi casa a subasta.
Salgo de la oficina con una sensación de impotencia que me corroe las entrañas. Me doy un paseo por la playa intentando relajarme, me encuentro en un callejón sin salida. Ya no es solo que pueda perder esa casa, es la descabellada situación, en su mano está que pueda hacer frente a una parte de la deuda, pero como tienen en una lista de morosos, no puedo hacer nada.
¿Qué le digo a Joxetxo? Si el embargo se hace efectivo se queda en la calle, con cincuenta y cinco años, un mísero sueldo, un futuro incierto. ¡Qué mierda de vida es esta! No puedo permitir que pase eso.
Hasta mañana. Agur
MARIAN
COMENCEMOS ABRIL COMO SE MERECE
Según el g.p.s. me quedan veinte minutos para llegar al
hotel. Como todos los días a la misma hora, el teléfono suena, porque a pesar
de mi mal comportamiento él sigue llamando. No le digo donde estoy, pero sé que
si hablo mucho con él no voy a ser capaz de disimular mucho rato, así que hago
de tripas corazón y como todos los días cuatro frases y cuelgo.
Conociéndome como me conozco sé que de veinte minutos nada,
seguramente tarde más, me pondré nerviosa, histérica perdida por mi
incapacidad, daré veinte vueltas hasta llegar a destino. No quiero presentarme
ante él con mala cara. Todo lo contrario, así que me daré el tiempo que haga
falta hasta ser capaz de conseguirlo.
Tres cuartos de hora más tarde aparco el coche, ya llegué,
me lo tomé con calma, estoy tranquila, un poco nerviosilla, pero dentro de la
normalidad y muy contenta y dispuesta a decirle todo lo que siento, a abrirle
mi corazón. Espero que la sorpresa le guste, una ligera duda quiere instalarse
en mi cabeza, ¿qué me encontraré? La deshecho al momento, no voy a permitir que
ninguna duda estropee el momento.
Es muy tarde y estoy sin cenar, entro directa en la
cafetería a por un café o lo que sea que engañe mi estomago, pues empieza a
molestarme. Como soy tan impulsiva, ahora recuerdo que ni tan siquiera he
comido, no es de extrañar que tenga hambre.
Estaba saboreando una madalena cuando le he visto entrar, se
ha acercado a la barra, ha pedido una copa y se ha sentado en un sofá mirando
la tele. No me ha gustado la expresión de su cara, está triste, melancólico,
mirando la tele pero perdido en sus pensamientos. No he esperado más y con el
corazón a mil por hora me he sentado a su lado.
-hola alcalde.
No había reparado en mí, en que alguien se había sentado a
su lado. Me ha mirado dudando de su visión, con unos ojos como platos. Ha
girado la cabeza de nuevo hacia la tele un segundo y ha vuelto a mirarme.
-ni puedo ni quiero vivir
sin ti.
Le he dicho apoyando mi cabeza sobre su hombro. Le ha
costado reaccionar, he cogido su brazo y lo he pasado por encima de mis
hombros, ahí ha reaccionado, me ha abrazado con tanta fuerza que he escuchado
el latido acelerado de su corazón. Así nos hemos quedado, como si el sofá fuera
el de casa, abrazados como todas las noches, agarrada a su cintura sintiéndolo
muy cerca, muy mío, con su cabeza apoyada sobre la mía, su mano acariciando mi
mejilla. No sé el tiempo que así estuvimos, solo sé que los quinientos kilómetros
han merecido la pena, por ver su cara, esos expresivos ojos color miel, esa
sonrisa que me llena de vida.
Ni puedo ni quiero vivir sin él.
Hasta mañana. Agur.
MARIAN
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