martes, 13 de marzo de 2012

DESCANSE EN PAZ


El sonido del teléfono nos despierta, Miguel pega un salto acelerando sus pasos, le sigo alarmada, son las tres de la madrugada.

-mi madre, vamos.

Dice, blanco, en un minuto ha envejecido diez años.

Cinco minutos de trayecto que se hacen horas, no me atrevo a preguntarle el porqué de la urgencia, se la respuesta, pero mantengo la esperanza de que todo sea una falsa alarma de la persona que la atiende.

Miguel aporrea la puerta. Sujeto sus brazos.

-dame las llaves.

Está tan tenso que no le es posible, meto la mano en su bolsillo. Sus ojos color miel han cambiado, ahora son oscuros, me mira incrédulo y temeroso. A este Miguel tampoco conozco, pienso. Le sonrío.

-tranquilo.

Entramos en la casa, el médico está con ella, dice la cuidadora. Miguel la ignora y va directo a la habitación. El gesto del sanitario no deja lugar a dudas, me acerco a su lecho  beso su mejilla, salgo de la habitación buscando el hijo de esta mujer, que de repente parece un anciano, encogido por el dolor, perdido como un niño huérfano. Le ofrezco un cigarro y me siento a su lado.

-ve a darle un beso, despídete de ella. Vamos.

Agarro su mano, lo guio hasta el lecho de ese cuerpecito ya sin vida.

-dale un beso, mira qué guapa está, se ha ido sin sufrir. Sé que te escucha despídete de ella.

No puede, sale de la habitación con lágrimas en los ojos. Le sigo, Rosario está bien donde quiera que esté, el que necesita consuelo es el hijo. Aún y todo  dedico un momento a esta espléndida mujer, acaricio su cara como si solo estuviera dormida, le dedico unas palabras de cariño,  le agradezco los últimos meses pasados en su compañía, le prometo que contaré su historia.

DESCANSE EN PAZ.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

lunes, 12 de marzo de 2012

NO SOY BUENA COMPAÑIA


Poco a poco mi grupo se va disolviendo. Llega el momento de las responsabilidades, de atención a los hijos, de elaborar cenas y demás obligaciones. Mi única obligación moral, anda por ahí de un lado para otro, hace rato que no lo veo y la verdad no me apetece recogerme en la soledad de una casa que sin él no tiene sentido. Me quedo con el único de mi grupo que parece no tener responsabilidades familiares, de hecho no vive en el pueblo, solo ha venido a disfrutar del día, lo hace todos los años. Iniciamos una interesante charla, resulta que nos conocemos y no del pueblo, él se acuerda de mí, yo de él no. Estudiamos juntos en el instituto. Él terminó sus estudios, yo no, quise correr demasiado, las prisas por irme de mi casa me obligaron a trabajar. Él es profesor ¿yo que soy? simplemente Marian, con una larga  vida de penurias, de malos momentos. ¡Ya vale! Pienso ¿qué haces contándole a este vecino tus miserias? ¿Será la ingesta de alcohol? Doy un giro de ciento ochenta grados a la conversación, prefiero reír, de lo que sea,  de las gansadas de los vecinos que aún quedan pululando de un bar a otro, de la falta de educación de los jóvenes que orinan en cualquier sitio, vomitan sin importarles donde ¡qué asco! ¿A eso llaman divertirse? Es más fácil criticar al personal que criticarse  una misma. No sé porqué mis ánimos han cambiado, ¿será que hace rato no veo al alcalde? ¿Será que echo de menos sus caricias furtivas, sus besos posesivos en cualquier momento? ¿Sus insistentes miradas? ¿Dónde andará? Creo que ha llegado el momento de irme, pienso, ya no soy buena compañía, mejor me voy a casa, esperaré en casa la vuelta de mi hombre. Me despido del último de mi quinta que ya va muy pasado de alcohol y empieza a molestarme su tonta risa, sus halagos ¡no me gusta que me toquen! aunque forme parte de la conversación, me siento molesta. Me voy. Me despido lo más amablemente que me sale, disimulando el desprecio que siento en ese momento por esa persona que no tiene nada que ver con mis manías y mis paranoias mentales.

Emprendo el camino para casa cuando la voz esperada me saca de mis molestos pensamientos.

-¿te vas sin esperarme?

-hace rato que no te veo, estoy cansada, quédate tú si quieres.

-¡Sosa!

Rio sin ganas, él tampoco tiene la culpa.

-vamos a cenar, dice Antonio que hay que acabar con la comida que ha sobrado.

-estoy cansada.

-venga, consuerte, acabemos el día bien.

Acepto por complacerle, pero sin ganas, ya no soy buena compañía.

Sus labios recorren mi mala cara, cerrando heridas imaginarias, o no, sus manos recorren mi espalda. El tiempo se detiene, solo existe él, el pasado se desvanece, una potente luz me muestra el camino, aunque las sombras de la noche estén presentes en mi caminar.

-vamos, muñeca de porcelana.

-no, soy consuerte.

-a veces se te olvida, te agrietas a la mínima, eres muy frágil.

-eso lo dirás tú.

Digo toda chula.

-yo lo digo.

Contesta él más chulo si cabe.

Vuelve la serenidad, las ganas de reír, de coquetear, provocar hasta sacarle un beso en el que me lo de todo y yo pueda corresponderle, ofreciéndoselo todo.

Hasta mañana. Agur



MARIAN



sábado, 10 de marzo de 2012

¡ME LO HAN CAMBIADO!


 No le quito el ojo de encima ni él a mí. Centro mi atención, aparentemente, en la charla desenfadada de mi grupo, pero dirigiendo mis ojos hacia él a cada momento. Llama mi atención de diversas formas constantemente, me siento extraña y encantada con su comportamiento, es inusual en él, siempre tan correcto en público. Me hace un gesto que no entiendo, rio más complacida que otra cosa, sin entender que quiere decirme.

Disfruto del momento, de la animada charla de mi grupo, ¡somos los mejores!  De las miradas insistentes del señor alcalde, será el alcohool, ¡como le brillan los ojillos! Se le ve tan suelto que no parece ni él, quizá es que aún no lo conozco demasiado. Me contagia su risa. De vez en cuando me cae alguna cosa, es su forma de llamar mi atención, mientras no me tire un vaso un cuchillo, vamos bien.

La comilona sigue su curso lenta y animadamente, llegan los postres. He pedido hojaldre con crema, sin saber el motivo o sí, me llega una ración de tarta de chocolate. ¡Me encanta el chocolate! Él lo sabe, imagino que son cosas suyas, es el segundo plato que me llega cambiado, me parece que está controlando todo lo que hago, le sonrío sacándole la lengua, a lo mejor resulta que todo estaba organizado de ante mano, quizá no ha sido casualidad que lo tenga justo frente a mí. ¡No sabe nada este! Vaya, vaya, con el señor alcalde.

Saboreo la tarta provocándole con la mirada, vuelve a hacerme un gesto que no entiendo, antes del café salgo a fumarme un cigarro a la calle, vuelve a hacerme el gesto le contesto con otro gesto, reímos los dos con ganas. ¡Qué tontería tenemos! No sé si alguien se da cuenta de nuestras cosas, pero desde luego parecemos dos críos.

-haber señor alcalde ¿se puede saber que intentas decirme? ¡Que no te entiendo!

Le digo fuera. Ríe con una risa tonta producto del alcohol ingerido mezclado con no sé cómo definirlo…

-¡sosa! Que eres una sosa.

-¿has salido para meterte conmigo?

-sí, ¡sosa!

-¿se puede saber porqué cambias los platos que pido?

-porque eres una sosa.

-ese será mi problema…

Caya mi boca poniendo la suya encima, dándome un beso de los suyos, de los que me transportan directamente al paraíso, de los que me hacen olvidarme de donde estoy, de esos en los que consigue la combinación perfecta del amor y pasión.

-cuídate, consuerte.

Dice, mirándome y acariciando mi mejilla. Entra en el comedor dejándome con una tonta sonrisa en los labios, ajena a todo lo que me rodea. Vuelvo a la realidad, entro en el comedor buscando sus ojos, que ahí están para mi deleite acompañados de una sonrisa preciosa.

Retomo la conversación con mi grupo, lo veo salir del restaurante, mirándome y guiñándome el ojo. Lo pierdo de vista, me centro en la juerga de mi grupo, en ese recordar de juegos de calle, de pantalones sucios y remendados, de ropa heredada, de ropa de los domingos inmaculada, de domingos de misa, de respeto, casi temor a los padres, de las estrictas normas de vuelta a casa, de cuando solo se salía de noche en las fiestas del barrio, de cuando los besos eran furtivos, de los primeros bailes a lo agarrado, de cuando los chicos andaban detrás de las chicas y no al revés. ¡Lo que ha cambiado todo en pocos años! A lo mejor no son tan pocos.



Salimos del restaurante entre risas y anécdotas. El ambiente del pueblo bulle, es una fiesta en la que participa casi todo el pueblo, desde los diez y ocho años hasta los que van con bastón y encogidos por los años vividos.

Entramos en el bar, soy la portadora del bote, así que me acerco a la barra a pedir, mientras espero una mano trastea por mi trasero, la reconocería entre cien mil, hago como que no me doy cuenta pero sigo el movimiento de sus dedos juguetones. ¡Como está hoy el alcalde! Me lo han cambiado. Me volteo con parte de las consumiciones en mis manos, me ayuda en mi tarea. Espera paciente a que acabe mi labor de camarera ocasional, cuando libero mis manos, vuelve a invadir mi boca en un acto de posesión inédito en el, en público, en privado hace eso y mucho más.

-cuídate, consuerte sosa.

Me deja con una complacida sonrisa, flotando y con ganas de más. ¿Por qué le habrá dado hoy por llamarme sosa? ¿Qué querrá que haga?

En esta parte del día ya no hay grupos, todos de mezclan, pero yo sigo con los míos, con mi quinta. Miguel va de un lado para otro, ¡bailando! ¡Miguel bailando! ¡Increíble! Dándose palmaditas amistosas con unos y con otros. No puedo evitar estar pendiente de él y reír de las cosas que le veo hacer y él lo sabe. Pasa por mi lado y vuelve a hacerme un gesto, que no entiendo, le contesto con otro gesto y nos reímos los dos.

HASTA MAÑANA. AGUR.

MARIAN

viernes, 9 de marzo de 2012

¿ABSURDOS CELOS?


-tienes que entenderlo, consuerte.

-entender qué ¿de qué hablamos?

-de que hoy tu por tu lado y yo por el mío.

-como siempre. Vaya novedad.

-hoy no existen parejas en el pueblo.

-libre albedrio, ¡todos con todos ¡

-eso no, no te pases.

-¿qué me estas queriendo decir? Que te deje tranquilo, que te vas de juerga, ¡pues vale!  Las vueltas qué le das a todo, chico. Hoy es día de fiesta en el pueblo, pues ya está, tú con tu quinta y yo con la mía. ¿Tan difícil es explicarlo?

-no te asustes veas lo que veas.

-planteado así miedo da. Que te lo pases bien. Disfruta, que eres un estirado, desmelénate, emborráchate, haz lo que te dé la gana. Es lo que yo voy a hacer, en los años que llevo en el pueblo, va a ser mi primera vez que voy a la comida de quintos, me voy a estrenar por la puerta grande, me voy a pillar un pedal que vas a alucinar, a lo mejor me tienes que traer a casa cuando me encuentres. ¿Eso es lo que quieres que te diga? Dicho queda. Diviértete, desmelénate sin olvidar donde tienes la cama y con quien la compartes.

De mi quinta en el pueblo solo somos cinco, habíamos quedado en la plaza a la doce y media. Salimos los dos juntos, un trayecto que se hace en cinco minutos, hemos salido de casa media hora antes, cosas del señor Miguel, nos hemos despedido. Como era tan pronto, no había nadie de mi quinta a  la vista, he pedido un marianito y me he sentado a tomarlo tranquilamente. Sin haber tomado el primero ya tenía otro encima de la mesa, con aceitunas incluidas, yo a la mío, estaba a gusto observando a la  gente. He visto a Miguel pasar varias veces con su grupo, se le ve a gusto, no calla. Cada vez que ha pasado he mirado para otro lado, haciéndome la despistada, haciendo el tonto más bien. Está claro que lo de llegar tarde debe ser generacional, pues nadie de mi grupo ha llegado a su hora, para entonces ya llevaba tres marianitos, que a decir verdad no sé de donde han salido, yo solo he pedido uno. Para cuando a aparecido la primera yo andaba con la risa floja. He frenado la ingesta de alcohol, el día va a ser largo, a lo mejor soy yo la que tengo que ir a buscarle, a Miguel digo, a algún lugar para llévamelo a casa, así que empiezo a cuidarme. Sigue pasando delante de mí, pero yo haciendo como que no le veo. ¡Que se desmelene un poco! ¡Coño! Que es un estirado.

Entre risas y charla llega la hora de comer. Llevaba un rato en el comedor cuando me he dado cuenta de que tenía a Miguel, justo frente a mí. Le he mirado de reojo, pero me he hecho la tonta. ¡Qué casualidad! He pensado, me ha gustado, así puedo observar su comportamiento con los demás. Ahora no ejerce de alcalde, es uno más, se le ve a gusto. Miguel es una persona muy alegre en la intimidad. Es el centro de atención, con sus risas, bromas, chistes. No consigo entender con claridad lo que dice, pero en un par de ocasiones, todos han mirado para mi mesa, algún chiste sobre mí, he pensado. Evito mirarle directamente, sé que me observa como yo a él. Está tan pendiente él de mí como yo de él. Hasta podría decir que intenta llamar mi atención, yo sigo haciéndome la despistada.

Entre plato y plato salgo a fumarme un cigarro, me uno al grupo de fumadores. La conversación resulta un poco subidita de tono, el alcohol produce esos síntomas, hablan de algún tipo que” se merece un buen polvo”, palabras textuales, para cuando me quiero dar cuenta el del buen polvo resulta que es Miguel, engullo mis celos, rio con ellas y les doy la razón, rio aunque mi risa es amarga, fingida. Apago mi cigarro dando por concluida la estúpida conversación, en ese momento  el del buen polvo saliendo por la puerta, encendiendo un purito, le miro de reojo e intento entrar de nuevo en el comedor, me agarra del brazo y me retiene. La verdad es que mi humor ha cambiado y no tengo ganas de tonterías, me hubiera ido a casa en ese momento.

Miguel también parece estar bajo los efectos del alcohol, por una decima de segundo temo por su reacción ante las miradas indiscretas del grupo de fumadores, especialmente de la que ha hecho el comentario del buen polvo. Pero Miguel solo me mira a mí, con esos ojos color miel que sonríen, que enamoran. Desde luego que tiene un buen polvo, el que le voy a echar esta noche si llegamos enteros a casa, pienso.

Haciendo un gran esfuerzo, le digo que no he acabado de comer y si de fumar, no me apetece dejarle con esas lagartas,  pero sé que he de dejarle tranquilo.

Mucho antes de lo que espero le veo entrar de nuevo en el comedor, espiro tranquila, vuelvo a tenerlo a la vista, dejo de hacerme la tonta y lo miro directamente a los ojos, me sonríe. Si, no hay duda, tiene un buen polvo. Hay que reconocer que no aparenta la edad que tiene, que se conserva estupendamente, que es guapo y mucho, que tiene unos ojos y una mirada que quita el hipo. Engullo mis celos y me siento afortunada, por lo menos en ese momento. Es la primera vez que algo me hace sentir celos, desde que estoy con él. Lo curioso es que mis absurdos celos, no son por su comportamiento, si no por unos tontos comentarios de los cuales debería sentirme orgullosa, porque sí, está de muy buen ver el señor Miguel.



Hasta mañana. Agur



MARIAN



sábado, 18 de febrero de 2012

PORQUÉ, PORQUÉ, PORQUÉ


Hace ya tiempo que por mi cabeza ronda la idea de que mi padre me pegó, solo una idea, no tengo el recuerdo. Debió de pegarme para evitar que me acercara a él con malas intenciones ¿Cómo puede tener perversas intenciones una niña de tres o cuatro años’? alguien debió de enseñármelas. Aún me siento mal por este pensamiento, algo de culpa queda. El caso es que parece ser que para evitar los malos pensamientos que yo  inducia a mi padre, debió  de pegarme, pero de momento solo es una idea, me falta el recuerdo completo, solo tengo un par de imágenes. Cuando era pequeña, quizá no tanto, solía contar que mi padre solo me había pegado una vez, justificaba el acto. Ahora creo que lo que yo contaba como una historia aparentemente inventada, no debía de serlo, a lo mejor era verdad. Poco a poco, muy lentamente, cada episodio de mi vida va situándose, lentamente conseguiré rehacer mi historia.

Ya es mala suerte, no sé porqué sonrío, pero está claro que en mi casa todo se arreglaba con golpes. De los únicos que si tengo recuerdos y muchos son los de mi madre. De mi hermana solo tengo imágenes, parece ser que alguna vez se le fue la mano. Los de mi padre, creo que solo lo hizo una vez, son solo un par de imágenes. Por eso me pone tan nerviosa la violencia. Soy incapaz de agredir a nadie físicamente, creo que nunca lo he hecho, si alguna vez lo hice, no lo recuerdo. Pero sé que tengo esa parte dentro de mí, por eso ese miedo a perder el control a dejar que la rabia y el odio afloren en mí. Nunca pegué a mi hija, no podía,  juré que nunca lo haría y no lo hice, a pesar de que a mí se me educó a golpes.

No sé si sirve de algo esto que ha salido a raíz de esta pobre chica. Hay relación porque el hijo de mala madre que la asesinó podía ser su padre era veinte años mayor que ella. No estaban casados. No voy a hablar de él, porque no hay nada que justifique lo que hizo, ni la más terrible historia vivida por parte de él. NADA. Pero si voy a hablar de ella. ¿Cómo es posible que una chica joven, guapa, sana, inteligente ,era abogada, con una familia normal, aparentemente por lo menos, aguante la vida que él le daba? La tenía completamente anulada. ¿Qué puede fallar en la cabeza de una mujer para permitir que la traten como un guiñapo? Que aunque su familia intente sacarla de esa situación no lo consigan. Algo tiene que fallar para que una mujer en esas circunstancias, no se atreva ni a denunciar. Huya de su familia, para evitar enfrentamiento con el maltratador. Algún sicólogo tendrá la respuesta.

Escribiría durante horas el tema, de las mil preguntas que me hago. En el pueblo nadie sabía nada, nadie les conocía. Pero si alguien se hubiera dado cuenta ¿se habría hecho algo?  Yo misma presencie algo, más bien escuche una bronca muy subida de tono, simplemente me quedé escuchando, no supe hacer nada. Sentí la muerte cerca, no supe que hacer, escuché su grito en sueños, no supe reaccionar. Estas cosas que me pasan se me hacen grandes, no sé qué hacer con ellas, pero de aquí en adelante las tendré más en cuenta, dejaré de pensar que son chorradas mías.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

viernes, 17 de febrero de 2012

NO RECUERDO HABERLOS PEDIDO


-Marian, despierta.

Intento abrir los ojos, los parpados me pesan demasiado, imposible.

-venga perezosa, mi madre viene a verte.

De mi intento por disculparme solo sale un balbuceo incomprensible.

Tengo que dejar de tomar somníferos,  en cuanto sea capaz de levantarme me desharé de ellos. Si estuviera Manuel no me habría permitido tomarlas, sin embargo Miguel me las trae, aunque no recuerdo habérselas pedido. No sé el tiempo que llevo metida en la cama, pero voy a reincorporarme de nuevo a la vida ahora mismo.

No sé si lo que siento es fruto de mis vivencias o las de esa pobre chica. Confundo mis sentimientos con los suyos, pasado con presente. Cuando yo era niña, pasó algo parecido en un caserío cercano a mi casa. No recuerdo muy bien como fue, alguien mató a alguien. No soy capaz de recordar los detalles en este momento, solo recuerdo el temor que sentí. El horror que sintió la persona momentos antes de fallecer. Cuando llegó la noticia de lo que había pasado yo ya sabía que algo había pasado, sin saber muy bien porqué. No puedo vivir mezclando el pasado con el presente. Presente o pasado, juntos es inviable. Tengo que analizar todo lo que ha pasado, desvincularme de lo que no es mío, averiguar el porqué de esa conexión que hago.

-traigo un café bien cargado, como a ti te gusta.

Doy un sorbo al café, es descafeinado, a mi me la va a dar este. ¡Ja! Lo sé todo sobre cafés. Cierto es que está bueno y me sienta de maravilla.

-mañana o tarde.

Por fin consigo decir algo coherente.

-mediodía.

-¿Cuánto tiempo he estado dormida?

-unas veinticuatro horas.  ¿Vas a levantarte? Mi madre está muy preocupada, no tardará mucho en llegar.

-¿tú estás preocupado?

-por supuesto, consuerte, ¿por qué lo preguntas?

-no sé, me desconcierta tu actitud.

-el desconcertado soy yo. Ya te ha hecho efecto la cafeína.

-ya me he dado cuenta de que era descafeinado.

Sonríe.

-es curioso el efecto que te ha hecho.

-en cuanto sea capaz de levantarme, voy a deshacerme de las pastillas.

-buena decisión. Es curiosa la reacción que hacen en ti.

-la que corresponde ¿porqué todo te parece tan curioso?

Piensa antes de responder, mirándome de esa forma suya, pensando qué decirme o que no.

-aunque ya se la respuesta, necesito hablar contigo sobre lo que ha pasado, coincidirás conmigo en que habitual no es.

-no. Tienes razón, tenemos que hablarlo, pero primero tengo que saber yo que es lo que ha pasado.

 -podemos averiguarlo juntos si quieres.

-lo haremos.





Hasta mañana. Agur.



MARIAN

jueves, 16 de febrero de 2012

¿PORQUÉ NO ME HACEN CASO?


Le explico, pensando que a lo mejor no me hace ni caso, ¿porqué no me va a hacer caso? Tiene que hacerme caso.

-quizá sean cosas mías, pero vamos, no nos cuesta nada acercarnos.

Pone cara de no entender nada, da lo mismo. Vamos y punto, ojalá sean cosas mías, ya aguantaré el chaparrón. No puedo quitarme la imagen de esa chica rodeada de sangre.

Por el camino intento relajarme, no voy a ser de gran ayuda si me pongo histérica, pase lo que pase he de mantener la calma, me hago el propósito de no mezclar su historia con la mía, que sin saber muy bien el motivo  lo he hecho.

Llegamos a la casa, el coche no está, por lo menos no a la vista.

-voy a llamar a la puerta.

-son las ocho de la mañana, estarán durmiendo.

-da lo mismo.

El timbre no funciona aporreo la puerta. Sé que está tendida en el suelo, no sé porqué pero lo sé.

-hay que abrir esta puerta.

-no podemos hacer eso.

-llama a la guardia civil.

-¿qué les digo?

-lo que te dé la gana. Diles que hemos escuchado un grito en la casa y que no abren la puerta.

Así lo hace, pero por no discutir sin convencimiento.

Cuando llega la policía, Miguel se pone serio, no puede contarles algo que no ha ocurrido. Intento convencerles de que yo si he oído un grito de socorro, empiezo a ponerme muy nerviosa ante la impotencia de que no me hagan caso, estoy convencidísima de que esa chica está tendida en el suelo, pero no tengo una explicación lógica para ello.

La policía se va, Miguel insiste en hacer lo propio y yo me desespero, pero entiendo la situación, así que volvemos al pueblo.

Intento hacer mi trabajo lo mejor posible, pero mi cabeza está en otro lugar. A media mañana Miguel me llama.

La chica ha aparecido asesinada en su domicilio.

Me hundo.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

miércoles, 15 de febrero de 2012

NO ENTIENDO NADA


Me horroriza mi imagen del espejo, solo distingo mis ojos de niña asustada, llorosa, sintiendo lastima de sí misma. Un rojo intenso  cubre mi cara, no siento ningún dolor físico, algo se  fragmentado dentro de mí, no sé qué ha pasado, porqué me encuentro en ese estado.

Abro los ojos, son las doce de la noche, estoy sola en la cama. Me levanto a por un vaso de agua, el sabor a sangre en mi boca me da asco. Tengo que deshacerme de él. Miguel está en la sala viendo la televisión. Como no tengo ganas de charla voy al baño a por el agua, así prescindo verle, camino de puntillas evitando hacer ruido. No sé porqué pero no quiero verle. Sé que lo que acabo de vivir no ha sido un sueño,  que aunque no lo recuerde conscientemente, es una vivencia.

Me miro al espejo, intento recordar el antes del momento, solo me llega una sensación, mi padre está en la habitación contigua. Por mucho que me esfuerce en recordar, no consigo visualizar ningún acto violento por parte de él. En algún lugar de mi cerebro, está escondido el recuerdo de ese acto que ahora intuyo.

Vuelvo de puntillas a la cama, cierro los ojos.

El sueño llega arrullada entre los brazos de mi madre, mientras escucho su llanto.

No entiendo nada, se suponía que era al revés.



Un grito desgarrador, me despierta. Mi corazón late aceleradísimo, esto sí es una pesadilla. Abro los ojos. Miguel está a mi lado, me acerco a él buscando sus brazos, su protección. Son las tres de la madrugada. Cierro los ojos, la imagen de esa chica rodeada de sangre no me permite volver a conciliar el sueño en toda la noche. Me levanto angustiada, pongo la tele, no consigo quitarme la imagen.

El amanecer llega con mi alma encogida, con la horrible sensación de que mis temores se han hecho realidad. No aguanto más y despierto a Miguel, sin saber muy bien cómo explicarle lo que pasa. Nunca le he hablado de estas sensaciones mías.



Hasta mañana. Agur



MARIAN

martes, 14 de febrero de 2012

ALGO ESTÁ PASANDO


Hace un frio que pela, pero necesito mi caminata, ese paseo por caminos desiertos, hace falta estar majara para pasear con la helada que está cayendo, a mi me hace falta. Me ayuda  a pensar a encontrarme a mí misma, hace mucho que no lo hago sola y sinceramente lo echaba de menos.

Paso delante del que fue el caserío de María, ahora lo ocupa una pareja joven, es extraño. Quizá sea el invierno o mi estado de ánimo, pero huelo a muerte. Me deshago de ese pensamiento al momento. ¡Me viene cada cosa a la cabeza! ¡Qué desagradable!

El terreno está inerte, la vida debe estar en el interior de la casa ¡vaya bronca tienen! Acelero el paso, no quiero pecar de indiscreta. ¡Cómo ha cambiado esto en poco tiempo!  Sin saber el motivo me doy la vuelta, será que me he integrado bien en el pueblo y necesito saber qué es lo que pasa o más bien qué es lo que les pasa. No me gusta nada lo que escucho, el tono que él emplea, algo no anda bien en esta casa ¡por dios qué cotilla! Pienso, no por ello dejo de hacerlo. Él sale de casa pegando un buen portazo, se monta en el coche y sale disparado, malos están los caminos para semejante velocidad, esperemos que no haya nada que lamentar. Ella está asomada a la ventana hablando por teléfono, ¿con quien hablará? ¡Con su madre, seguro! Creo que está llorando, no veo muy bien desde aquí, por su gesto yo diría que sí. Es muy joven yo diría que no llega a los treinta años, más menos. Sale de casa, voy a hacerme la encontradiza.

Se asusta al verme, no me extraña parezco un fantasma. La saludo según voy llegando.

-buenas tardes.

Ha hecho un gesto con la cabeza y ha entrado enseguida a la casa, no llevo las gafas puestas, pero yo diría que tiene la cara morada, a lo mejor es de llorar. No sé por qué me estoy metiendo donde nadie me llama, aquí hay algo que no me gusta y no sé lo que es. Quizá sea el invierno o mi ánimo. Llamo a su puerta, le pido por favor que me abra, que me he perdido y quiero llamar a mi pareja. Saca el brazo con el teléfono en la mano.

-ábreme la puerta, por favor. No quiero asustarte, soy del pueblo, me he despistado y no sé el camino de retorno. Si no te importa espero aquí a mi marido, hace mucho frio en la calle. Por favor.

Escucho su llanto al otro lado de la puerta.

-ábreme, habla conmigo. Creo que se lo que te pasa. No te mereces esto, habla conmigo.

Insisto, insisto, insisto, no hay manera, no me abre la puerta. Pronto se va ha hacer de noche la que empieza a asustarse soy yo, no me apetece andar por esos caminos de noche y con ese tipo por ahí. Decido irme, hablarlo con Miguel y volver.

A mitad de camino, creo que me he cruzado con el tipo, no estoy segura, pero desde luego es bastante más mayor que ella y no sé por qué me inquieta. Odio cuando tengo estas sensaciones, nunca sé qué hacer con ellas, prefiero pensar que todo son tonterías mías. Para empezar no he visto a la chica de cerca, quizá solo haya sido una discusión de pareja, ella se ha hartado de llorar y yo lo estoy sacando todo de quicio. ¡Ojalá! De todas formas lo hablaré con Miguel y mañana me daré otra vuelta. Si está pasando lo que yo me imagino, no pienso estarme quieta.

Llego casa, mi inquietud va en aumento, tengo la horrible sensación de que algo va a pasar. Intento convencerme de que son cosas mías, de que lo estoy relacionando con historias pasadas, tengo la sensación de que estoy rodeada de sangre, esto ya lo he vivido. Es algo que yo he vivido, no tiene porqué estar relacionado con ella. Esta chica ha hecho que conecte con ese parte de mi cerebro donde guardo lo que no quiero recordar. Ojalá, así sea.

Llega Miguel, ante mis dudas, prefiero no contarle nada, esperar a estar segura de lo que pasa, si es que algo pasa. Finjo un horrible dolor de cabeza, además de mucho cansancio, ha sido mi primer día de trabajo en unos cuantos meses. Me voy a la cama, esperando que la noche pase rápido, sin molestar demasiado.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

lunes, 13 de febrero de 2012

YO NO SOY LA CULPABLE


El móvil suena y suena y no le hago ni caso, estoy ocupada. Miro reservas, echo de menos a mucha gente, estamos en temporada baja, lo sé, ¿qué fue de aquel tipo que equivocó mi mirada? Creo que ese se fue por mi culpa, solía venir por estas fechas, bueno por mi culpa no, por su cabeza calenturienta, lección aprendida, aquí también estoy en el punto de mira, tengo que tener cuidado con lo que hago, por algo soy la jefa, para lo bueno y lo malo, hasta que el dinero nos separe, ese es mi objetivo, dinero para mis planes, así que mucho cuidadito con las miraditas.

El teléfono fijo suena ¡qué pesadez! Estoy trabajando, ¡Miguel! Seguro que es él. Para él siempre tengo tiempo.

-hola alcalde.

-hola, consuerte ¿porqué no coges el teléfono?

-lo siento estaba ocupada, ni he mirado quien me llamaba.

-¿todo bien?

-sí, bueno no sé. A lo mejor me he venido un poco arriba.

-me alegro de ello, busca tu sitio. Saca esa mala leche que sacas conmigo, seguro que te funciona.

-he mandado hacer el trabajo sucio a otros, de momento me libro, aunque estoy dispuesta a sacar el genio si es necesario.

-¿comemos juntos?

-como quieras ¿aquí?

-vale

Ha pasado la mañana sin que me dé cuenta, salgo fuera a fumarme un cigarro, no me he acordado del tabaco en toda la mañana, curioso. La culpa le tiene Miguel, es el causante de que me acuerde del tabaco, sonrío ante ese tonto pensamiento, estoy buscando culpables para todo, la culpa es mía, él casi no fuma, yo soy una fumadora empedernida, no fumo me como los cigarros, pienso en el presupuesto de cada calada, dos paquetes al día por tres noventa y cinco, son casi trescientos euros al mes, una pasta. Esto me recuerda a antaño, me pasaba el día haciendo cuentas, para todo, no se me escapaba ni una, me pasaba el día con la calculadora en la mano, ahora lo tengo más fácil, no tengo más que meter cifras y el ordenador hace el trabajo él solo. Voy a seguir con mi táctica de controlar cada euro que manejo, es la única manera. Después de pasarme toda la mañana entre números y reservas hay algo que me cierra el estómago, algo que no sé si voy a ser capaz de  hacer, las cuentas no salen, ¿de quién me deshago? El erizo haciendo de las suyas, a la mierda erizo, nadie te ha llamado, sal de mi estómago. Son todos del pueblo y alrededores, los conozco a todos, sus historias, sus vidas, sus familias, ¡dios ¡¿porqué habré dejado que esto pase? Son malos tiempos para todos, para mí la primera, está en juego mi casa, la casa de mis sueños, no puedo permitir que me la quiten, pero tampoco quiero ser responsable de que se la quieten a los demás. ¡Qué difícil decisión! ¡Para erizo! ¡Nadie te ha llamado! Deja mi estomago en paz.

Llega Miguel sonriente.

-te juro que yo no tengo la culpa, de lo que sea que te pase.

-no estoy muy segura. Bésame como dios manda ¡rancio! Y dame un abrazo.

-¿delante de todo el mundo?

-sí, que todo el mundo sepa quién eres, para que no se equivoquen, te quiero aquí a menudo, señor alcalde, lo estoy pasando mal.

-no hay más que ver tu cara, tus hombros caídos, estás quieta, si no, irías arrastrando los pies. La vida no es fácil, consuerte, es lo que hay, aprende a vivir.

-¿de quién me deshago? Miguel no puedo hacer eso.

-antes de tomar una decisión, habla con la gente, exponles la situación.

-¡qué difícil!

-no, aquí somos todos gente sencilla, todos sabemos sumar y restar, habla con ellos, intenta buscar las solución con ellos.

-¿cómo he podido permitir que pase esto?

-no está en tus manos, de lo único que eres responsable de de no haber estado aquí para ver lo que estaba pasando. No busques culpables, busca soluciones, ni tu ni yo ni la gente que aquí trabaja, tiene la culpa de nada. ¿No serás tú la culpable de la crisis no?

-soy especialista en sentirme culpable por todo,  pero de una crisis así, por muchas vueltas que le dé, creo que no es mi culpa.

-ya es algo, he generado una duda en ti.

-¿qué duda?

-dices que crees.

-Es una forma de hablar, yo no tengo la culpa de este desastre.

-Eso está mejor, mucho mejor. Deja de  flagelarte, contra los culpables no podemos hacer nada de momento, hay que buscar soluciones.

-vale ¿ese beso?



Hasta mañana. Agur.



MARIAN