miércoles, 7 de septiembre de 2011

A BUEN ENTENDEDOR…………..

¿Por qué es tan difícil querer, siendo tan sumamente fácil desear? Porque en el deseo habla la impotencia, y en el querer la fuerza
 Gustav A. Lindner


Hoy me he levantado con mi padre instalado en mi cabeza, sé que he soñado con él, pero no recuerdo qué, venzo la tentación de llamar a mi hermana y preguntar por él. No sería la primera vez que sueño con él, antes de que le pase algo, una vez soñé que mi madre me decía que cuidásemos de mi padre que estaba enfermo, o algo así, hace mucho no recuerdo bien el sueño, el caso es que a los pocos días casi se larga al otro barrio, por una hemorragia intestinal, estuvo a un paso de seguir el camino de mi madre. Otra vez soñé que estaba en el hospital, a los pocos días estuvo en el hospital por una infección. ¿Le pasará algo? Bueno como está en una residencia de ancianos si algo le pasase enseguida alguien se dará cuenta. Ya sé que esto suena mal, a mala hija, pero es lo que hay, todavía no puedo ir a verle, ya llegará. De todas formas no recuerdo el sueño, así que poco puedo hacer.

Oscar en la cocina, con morros, eso me suena, tenía mucha costumbre de ponérmelos, la mitad de las veces no tenía ni idea del porqué, a todo se acostumbra una. Esto es otro detalle, hasta hoy su boca era inexpresiva.

-siempre pensaste que poniéndome morros conseguirías de mi lo que quisieras, no te dabas cuenta de que yo no discuto, pero hago lo que me da la gana, sobre todo cuando alguien intenta manipularme como tú lo hacías, en tus mal logrados intentos por anularme. ¿Te extraña que no confiara en ti? Conmigo fuiste un cabrón, encontraste en mi lo que te merecías, me tratabas como un felpudo. Sabes lo que te digo, que hoy no me da la gana de prepararte el desayuno, ¿me has oído bien? No-me-da-la-ga-na.

Así voy mal, pienso mientras voy a trabajar, pero me apetece mostrarme chula ante él, ¡que le den!

A mitad de camino veo el coche de Miguel parado. Me sale a la carretera y me hace señas de que pare, como si fuera la guardia civil.

-buenos días señora, documentación.

-no la llevo.

-¿sabe que le puedo multar por eso?

-haga usted lo que crea conveniente.

-salga del coche ¿va armada?

-su labor consiste en averiguarlo.

-eso lo haré más tarde, de momento me conformo con un beso.

-¿me está usted pidiendo que le soborne?

-no, solo te pido que me quieras.

¡Madre mía!

-ya te quiero.

-más. Nos vemos poco, quiero pasar más tiempo contigo.

-esto es lo que conlleva llevar una relación a escondidas, perdemos muchos momentos de estar juntos.

-voy a Pamplona ¿vienes?

Me hago un poco la dura, como que dudo, pero la verdad es que me apetece estar con él, me olvido de mis paranoillas, pero me siento incómoda con esta relación que llevamos. ¡Me siento tan a gusto en sus brazos! Es muy cariñoso conmigo, eso es precisamente lo que necesito, sentirme querida, me puedo resistirme a la tentación de pasar el día con él, de irme con él donde sea.

-parecemos dos amantes.

-tiene su cosa, sé que es pronto, pero yo quiero algo más, Marian.

-ya, pues lo primero que deberíamos hacer es dejar de escondernos.

 -¿eso es lo que te está molestando?

- parece que estamos haciendo algo malo. ¿Qué hay de malo en querer estar juntos?

-nada en absoluto, ¿qué estamos haciendo aquí?

-dar la nota.

-a buen entendedor pocas palabras bastan.



Hasta mañana. Agur



MARIAN

LLEVO MAL SU FRIALDAD




El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado


La cuestión es que cuando estoy con él, con Miguel quiero decir, estoy a gusto, me olvido de todos mis paranoillas mentales, rio, hablo, coqueteo ¡como me gusta coquetear! Sentirme mujer. Ahora que estoy pensando en él, me pongo hasta tonta y todo. ¡Cambia tanto cuando estamos solos! Es cariñoso atento, detallista, ¡me trata tan bien!

Cuando nos encontramos en el pueblo por casualidad, su frialdad al dirigirse a mi me deja mal, no lo llevo bien, si no fuera por las miradas que nos echamos cuando creemos que nadie nos ve, preludio de besos y sonrisas. Me cuesta mucho disimular, él lo hace con total naturalidad ¿estará acostumbrado a hacer estas cosas? Ahora que le conozco en las distancias cortas, si me doy cuenta de muchos detalles, aunque no lo haga abiertamente, se que está pendiente de mi, si llego y él está hablando con alguien, siempre en euskera, cambia al castellano, su mirada, su lenguaje corporal, sus gestos, no van acorde con esa frialdad que intenta aparentar en público.

Cada vez que me ve hablando con alguien que no conoce, en cuanto nos quedamos solos me pregunta quién es y de que lo conozco ¿será celoso o desconfiado?

¡Las miradas que nos echamos! Cualquiera que sea un poco observador, se va a dar cuenta.

Si voy al servicio, él viene detrás, me sonríe, me hace una caricia y se va. Cuando voy a pagar mi consumición,  que siempre es un café o similar, ya está pagada por él.

Siempre espera a que salga yo para salir él, siempre en algún punto del camino hasta casa me lo encuentro, si voy en coche me hace parar, si cree que nadie nos ve me besa.

Si estoy con alguien me llama por teléfono. Si paso por el bar sin fijarme si está él, me llama para que vaya. Si entro en la tienda, él va detrás.

Sí, yo creo que está pendiente de mis movimientos, pero me cuesta muchísimo hacer que no pasa nada entre nosotros.

Cualquiera que nos preste un poco de atención se tiene que dar cuenta. No disimula tan bien como él se cree.

¿por qué haremos estas tonterías? No tiene sentido.



Hasta mañana. Agur.

MARIAN

martes, 6 de septiembre de 2011

UNA TONTERIA DE LAS MIAS


El ave canta, aunque la rama cruja, porque conoce lo que son sus alas




Oscar me mira, no pienso hacerle caso, Miguel está en casa, solo faltaría que me viese hablar sola, sale huyendo o me mete en un siquiátrico. Cómo le explico yo que veo a mi primer difunto marido todas las mañanas en mi cocina, mejor no lo intento.

Te guste o no voy a seguir con mi vida, pienso mirándole a los ojos. Esta noche has sido tú, tú has dado el portazo, tu eres mi conciencia, no hace falta que me  contestes, has sido tú, no me cabe la menor duda.

Tengo que irme a trabajar, Miguel duerme, me voy sin molestarle. ¿Y si Oscar le hace algo? Oscar solo está en mi cabeza, pero me inquieta ese pensamiento aunque sé que no tiene sentido. ¡una tontería de las mías!

A las nueve suena el teléfono, es él. ¡Tiene una voz más dulce al teléfono!

-hola preciosa ¿qué haces?

-trabajar ¿tu?

-saliendo de tu casa. ¿Paso a recogerte a la una?

-vale.

Ya la me siento más tranquila, voy a tener que hacer algo con este tema, no puedo seguir así, la idea de ir a un sicólogo no me hace gracia, pero no le veo otra solución, ya lo intenté y de nada sirvió. Quiero seguir con mi vida, deseo vivir ya de una vez tranquila, no puedo seguir penando sin saber el motivo ¡yo que pensaba que ya iba encarrilando mis cosas! ¡Hay Señor! Volvemos al empezar desde el principio. ¡Qué agonía! ¿Cómo le cuento yo a Miguel mis cosas? Sale huyendo, seguro, como si lo viera. Si es que mal que me pese no estoy bien para poder llevar una relación, medianamente normal, con Manuel salió bien, muy bien, ahora estoy perdida, no se por donde seguir, qué camino tomar, él lo hacía todo fácil, sabia como hablarme, qué decirme para que mi cerebro funcionase, ¡lo que tuvo que aguantar! No tenía nada más que mirar a mi lado, ahí estaba él, siempre esperando, siempre pendiente de mí, de mis reacciones, ¡mierda de vida!



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

lunes, 5 de septiembre de 2011

SOLO UN POCO MÁS DE TIEMPO


El dolor es algo temporal, puede durar un minuto, una hora, un día, o un año, pero al final se acabará y otra cosa tomará su lugar. Sin embargo, si me rindo ese dolor será para siempre




Ayer me estaba tomando una mente para irme a la cama cuando viene Miguel. Siempre me alegro de verle, hace que mi mal humor cambie, ayer no tuve buen día, la verdad.

-¿porqué no me has llamado en todo el días? –pregunta.

-tu tampoco has llamado.

¡Vaya conversación tonta! pienso.

-¿pasa algo?

-no.

-¿qué has hecho hoy?

-lo de siempre, nada especial, trabajar ir a andar sola venir a casa….

-Marian, te he echado de menos, me gustaría pasar más tiempo contigo.

No sé qué decirle, tengo mal día, lo único que me apetece es meterme a la cama, así se lo digo.

-vale, pues pasamos la noche juntos.

-como quieras.

-Cómo queramos los dos será ¿no? Te veo muy apagada ¿qué te pasa?

-un mal día, ya te lo he dicho. Vamos iba a acostarme ya.

Es la primera vez que Miguel duerme en mi casa, se que serán cosas mías, pero me da la sensación de que no hago bien, como si estuviera traicionando a Manuel, ya sé que no tiene sentido, por eso no digo nada y acepto, la verdad es que me gusta su compañía, yo también lo he echado de manos.

Un portazo me despierta, me incorporo y salgo corriendo de la cama asustada. La puerta está cerrada, la abro y corro calle  arriba, no sé el porqué pero no puedo dejar de correr, el aire no llega a mis pulmones, pero sigo corriendo.

-Marian.

-qué

-tienes una pesadilla.

-lo sé. Voy a levantarme.

Me preparo una tila, sorbito a sorbito, voy relajándome, quitándome de la cabeza esa carrera onírica que tanto me ha trastornado ¿a quién perseguía?  ¿a mi conciencia? ¡Hace falta ser boba! Si lo que necesito es que me deje en paz. No tiene ningún sentido.

Miguel se sienta a mi lado.

-¿más tranquila?

-sí.

-¿tienes muchas pesadillas?

-últimamente, normalmente ni me cuerdo de lo que sueño.

-¿desde que estamos juntos?

Hago un gesto con los hombros, no creo que él tenga nada que ver con esto.

-hablas poco de tus cosas, Marian, yo te cuento un montón de cosas, pero tu no sueltas prenda.

-no callo.

-ya, pero hablas muy poco de ti, de tus sentimientos, de tus deseos ¿qué le pides a la vida Marian? ¿Cómo estás?

-yo bien, vamos a la cama.

Me mira impotente, sonrío.

-¿confías en alguien?

-necesito un poco más de tiempo. Esta mierda de vida se está portando mal conmigo. Solo necesito un poco más de tiempo.

-para qué

-vamos a la cama.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

domingo, 4 de septiembre de 2011

LE DI TODO, PORQUE NO ME PEDIA NADA.


Oscar sigue reclamando mi atención, dentro de su cabreo hay una pizca de humildad, eso me suena. Preparo el desayuno, me siento frente a él, desde que Miguel a entrado en mi vida, él está frente a mí.

-he comenzado una relación con otro hombre.

Se encoge de hombros, creo que no le importa mucho.

-es el alcalde, me gustaría dejar zanjado lo nuestro, no va a entender que te vea todas las mañanas en la cocina, con Manuel podía hablar de estas cosas, era distinto, con Miguel ni lo voy a intentar. Tienes que entender que tengo que seguir adelante con mi vida. No quiero seguir viviendo en el pasado, el pasado pasado queda. Con Manuel resolví muchas cosas pero no llegué hasta ti, no hubo tiempo.

-¿porqué no lo hiciste conmigo?

-el qué.

-hablar, como lo hiciste con el otro.

-no lo sé, entre tú y yo no llegó a haber esa confianza, tenía la sensación de que siempre me juzgabas. Culpa mío seguro, sé que soy muy complicada.

-no conseguí llegar a ti.

-no fue tu culpa.

Oscar llora. Me parte el corazón.

-no fue culpa tuya, lo siento, se que siempre te he culpado a ti de mi falta de confianza, no se los motivos por los que Manuel consiguió llegar a mí y tu no, sean los que sean, son cosas mías, no tuyas, soy yo la que tengo muchos problemas, los dos teníamos muchas cosas sin resolver.

-te hubiera apoyado.

-ya.  Lo siento. Manuel entró en mi vida en un momento en el que quizá, estaba preparada para afrontar mis miedos, me agarré a él como mi tabla de salvación, tenía que seguir viviendo, apareció él, supo tener paciencia, me escuchaba sin interrumpirme, provocaba situaciones, me hacia reaccionar, me enseñó a pensar por mí misma, Oscar, yo creo que ese es el motivo, no había miedo en él a mis pensamientos, a mis reacciones, sabía que le quería, no era egoísta, tus miedos te hacían egoísta, eso tienes que reconocerlo. Simplemente me tendió su mano sin pedirme nada a cambio, por eso se lo di todo, porque no me lo pedía ni exigía, solo cogía lo que yo estaba dispuesta a darle, tu sabes que no tengo punto medio, lo doy todo o nada, con Manuel fue todo, contigo lo intenté pero no pude. No te puedo culpar por ello, soy yo.

-si hubieras confiado en mí, te hubiera apoyado.

-lo sé.

He dado por terminada la conversación, sin estar de acuerdo. Oscar aprovechaba mis fallos, mis meteduras de pata para sentirse superior a mí, para tener un motivo para humillarme. Pero eso es pasado, no merece la pena seguir con ese tema, es superficial.

Ha pasado el día, no sé nada de Miguel, si de algo me he dado cuenta es que no le gusta mucho dar explicaciones, que no las tiene porqué dar, lo que quiero decir es que le gusta andar a su aire, yo soy igual, no tengo nada que decir al respecto. He ido a andar sola, he parado en casa de María, su marido sigue ingresado en el hospital,  le quedan horas, reprimo mi llanto al ver la tristeza de sus ojos, no pierde su sonrisa, dice que le ha salido un comprador para el caserío, me alegro por ella. Me acabo de enterar de que la casa de la innombrable está en venta, que María tienes intenciones de comprarla ¡tela! ¿Saldrá de mi vida definitivamente esta mujer? No es que ya me moleste mucho, la verdad, Manuel se encargó de ponerla en su sitio, pero vaya, cuanto más lejos mejor.es la única persona que me ha dado problemas, reales en este pueblo, lo curioso es que vinimos las dos casi a la vez a vivir, no se que tenia esta mujer conmigo, en fin, que desaparezca rapidito

-¿qué tal con Miguel?

Me dice sin miramientos María.

-bien, ¿pues?

-por ahí se dice que tenéis algo.

-la gente habla por hablar ¿no tienen nada mejor que hacer?

-cuando el rio suena……. –dice riendo

-agua llevará, que no quiere decir que tenga que ver con nosotros, solo somos amigos.

Doy por finalizada la visita, me asquean estas cosas, desde luego María no se corta ni un pelo a la hora de preguntar y digo yo, si casi no sale, vive a un kilometro, más menos del pueblo. ¿Cómo hará para estar enterada de todos los cotilleos? Yo que vivo en el pueblo y no me entero de nada, en fin, que me da lo mismo.

Ya estaba con el pijama puesto para irme a la cama, Miguel me llama para salir, lo siento pero no, le he dicho, estoy cansada. Mañana será otro días, me voy a la cama.

Hasta mañana. Agur



MARIAN

sábado, 3 de septiembre de 2011

¿A LA TERCERA VA LA VENCIDA?


  Me gusta tocar a las personas, es un gesto que me nace naturalmente, no es premeditado, brota del fondo de mi corazón




Pasamos el día y la noche juntos, el tiempo pasa lo que dura un suspiro. Antes de ir a trabajar paso por casa, no que es lo que está pasando, me cuesta muchísimo ir, se me hace grande, tenebrosa, negra seria la palabra correcta. En la cocina Oscar me espera, sentado como siempre, de sus ojos vuelven a salir rayos, que intento esquivar. Recojo el último desayuno que le preparé y me dispongo a prepararle otro, no le veo pero puedo sentir su mirada de odio sobre mi espalda. Me doy la vuelta y me encaro con él.

-¡ya está bien! Hay que resolver esto, quiero seguir con mi vida, tengo derecho a ello, tengo que zanjar el puto pasado ¡YA! Así que hablemos y acabemos ya con esta agonía. Dime algo, ¡LO QUE SEA! ¡PROVOCAME! ¡INSULTAME! HAZ ALGO, DI ALGO.

Me doy cuenta de que estoy perdiendo el control, salgo de la cocina me ducho, me visto y me voy.

De camino al hotel Miguel vuelve a mi cabeza, me tranquilizo, así no puedo seguir, me digo, voy a acabar mal. Paso la mañana de aquí para allá, pendiente del teléfono, que no suena, esquivando la mirada de Andrés, serán cosas mías, pero me mira distinto. A la una llamo a Miguel, no coge, llamo al ayuntamiento, no ha venido en toda la mañana, me informan. Todas las alarmas alucinógenas de mi cabeza se encienden a unísono, cojo el coche y salgo pitando a su casa esperando lo peor, mi dedo se queda pegado a su timbre. Se ha quedado dormido, me entra la risa histérica, aliviada.

-‘¡hola!

-me he quedado dormido.

-ya veo.

-pasa.

- No, mejor me voy, si entro van a empezar a hablar.

-pasa –dice agarrándome del brazo.

Cierra la puerta y me abraza.

-vamos a la cama, llevamos dos noches sin dormir.

-es hora de comer.

-comemos algo y nos acostamos, estoy cansado, pero no te vayas.

-la gente va a empezar a hablar, mejor me voy.

-que hablen lo que quieran, no tenemos porqué darle ninguna explicación a nadie, además ya están hablando.

-no tengo hambre.

-pues a la cama.

Sonrío buscando su boca, no busco sexo, así lo entiende él, como si adivinase mi pensamiento coge mi mano, me conduce a su cama, duermo arropada por sus brazos, mecida por su respiración y el dulce sonido de sus palabras.

 Una luz cegadora, me hace cerrar los ojos, saco las gafas de sol del bolso. Manuel y Miguel charlan amistosamente, se dan la mano y un ligero abrazo. Manuel me mira me guiña el ojo y desaparece, le llamo, ningún sonido sale de mi garganta. Miguel está a mi lado sonriendo, me niego a hacerle caso, solo quiero recuperar a Manuel.

La voz suave de Miguel me devuelve a la oscuridad de la noche, un llanto imposible de controlar sale de mis entrañas, estaba mejor sola, no vivo, tampoco sufro.

-le echas mucho de menos.

Un gesto afirmativo confirma su frase.

-era un tío cojonudo, te quería muchísimo, se que tu a él también. Tienes que seguir con tu vida, Marian.

-lo sé.

Sin saber el motivo me rio, con ganas.

-tú eres el tercero.

-a la tercera va la vencida.

 Dice acompañándome en mi risa. Duermo arropada en sus brazos, acunada por su respiración.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

ESTO VA A SER IMPOSIBLE DE DISIMULAR


El amor es así, como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera que las llamas los que están dentro








Hemos pasado la noche juntos en un hotel, vamos a mantener nuestra relación de momento en secreto, lo ha propuesto él, yo he aceptado.

Cuando he llegado a trabajar Andrés me estaba esperando, preocupado, mi coche ha pasado la noche en el aparcamiento, me he inventado una tonta historia que no se a creído pero no ha replicado.

Casi no he dormido, no puedo dejar de pensar en él, en las últimas horas vividas, no es soso, ni frio, no tiene ningún problema y si que corre electricidad entre nosotros, 2000w. ¡Madre mía! Un hombre de los pies a la cabeza ¡si es que tengo un ojo!

El sonido del teléfono me devuelve a la realidad, es él.

-hola.

-hola

-¿qué haces?

-trabajar ¿tu?

-trabajar, o algo así, ¿va todo bien?

-si

Un tenso silencio se apodera de nosotros, escucho su respiración, está fumando.

-Marian.

-¡qué!

-¿comemos juntos?

-vale

-¿a las once?

Rio.

-vale

Si que vamos a comer pronto.

Son las nueve, dudo entre irme a casa y cambiarme de ropa o quedarme, me quedo, no me apetece ir a casa, la siento fría, grande, me pesa la soledad de esos muros. Salgo de la oficina, me dedico a charlar con unos y otros, pero en mi cabeza está en él, impaciente por verle, a las diez voy a la cafetería a tomar una menta, no he empezado a tomármelo cuando le veo aparecer, él tampoco ha pasado por casa, lleva la misma ropa.

-¿un café?

Me mira sin responder.

-¿un café? – repito.

Andrés está a mi lado, mirándonos a los dos.

-Antonio te espera.

-me había olvidado, ¿puedes atenderlo tú?

-si no hay más remedio.

Vuelve a mirarnos a los dos y se va, confió en su discreción.

-¿Quién es Antonio?

-un proveedor.

-si es importante espero.

-ya se encargará él.

-¿vamos?

Me levanto sin acabar de tomar el poleo, me agarra del brazo y salimos. Parece que huimos, o eso me parece a mí.

En el coche, vuelve a ser el Miguel de las últimas horas, me sonríe.

-te echaba de menos.

Vuelven las risas, las bromas, los chistes, los besos, las ganas insaciables de hablar, de compartir, más besos, abrazos, caricias, hasta que el deseo se hace incontenible, nuestros cuerpos se buscan, nuestras miradas arden de deseo.

-esto va a ser imposible de disimular.- me dice.

Hago un gesto con los hombros, yo pondría una pancarta en el ayuntamiento, pero cayo.



Hasta mañana. Agur.



MARIAN

viernes, 2 de septiembre de 2011

Colmo de un ave... tener plumas y no poder escribir.


Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino






Comemos mirándonos, aprovechando cada oportunidad surgida o provocada para rozar nuestras manos, sonriendo a la vida, dando las gracias por esta nueva oportunidad de poner en práctica lo aprendido, acabamos la comida con nuestras manos enlazadas, riendo como dos adolescentes emocionados por el deseo que se va  apoderando de nuestros cuerpos, deseando salir del local para dar rienda suelta a la pasión que nos invade.

La cuenta pedida en dos ocasiones no llega, nos levantamos acercándonos a la barra, su mano estudia mi espalda, mi cuerpo se revoluciona ante esa intimidad que surge entre nosotros. Sujeta mi cintura colocándome frente a sus ojos, me sonríe con su mirada, con su expresión, acaricia mi mejilla mientras sus labios miman los míos, me siento en una nube, mis pies no tocan el suelo,  mis brazos rodean su cuerpo, asegurándome de que no es un sueño, de que he vuelto a la vida, a esa vorágine de sensaciones vitales para mí. Salimos a la calle, su mano vuelve a  rondar por mi espalda.

- Mamá, mamá, en el colegio me llaman despistado.
- ¡Anda niño vete para tu casa!

Dice Miguel, una risa tonta afloja los nervios creados por el deseo.

-¿damos una vuelta?

Contesto afirmativamente con un gesto.

-En una tienda un tipo va a pagar con la tarjeta de crédito; el dependiente, al mirar la tarjeta, le dice:
- ¡Anda, que casualidad, conozco a alguien con el mismo nombre que usted!
- ¿Ah, sí? ¿Y cómo se llama?

La risa aflora espontánea, mientras nuestras manos exploran el terreno, nuestros ojos se buscan. Bajamos a la playa, nos descalzamos, paseando por la orilla, dejando que el agua acaricie nuestros pies.

En una ciudad pequeña, un agente de tráfico detuvo a un joven conductor que iba a gran velocidad por la calle principal. El joven empezó a protestar:
- Señor agente, déjeme que le explique.
- ¡Silencio! Lo retendré hasta que regrese mi jefe.
El muchacho insistía:
- Pero señor oficial, escúcheme, tengo prisa.
El agente replicó:
- ¡Cállese! ¡Ahora mismo, a la cárcel!
varias horas después, el guardia fue a ver al detenido y le dijo:
- Ha tenido usted suerte, el jefe asiste a la boda de su hija, cuando regrese estará de buen humor y seguro que le perdona.
- No esté tan seguro, replicó el joven, ¡Yo soy el novio!

En ese momento me doy cuenta que desde que nos hemos levantado de la mesa, no he abierto la boca, de que él está tan nervioso como yo, rio con ganas, la risa afloja la tensión,

Llegamos a una zona de rocas, salimos de la orilla y nos sentamos uno frente al otro, me ofrece un pitillo, fumamos con ansia, me doy cuenta que desde antes de comer no he fumado ni lo he echado de menos, que con mirar sus ojos, tengo suficiente. Pero sigo sin saber que decir.

Dos borrachos en un bar. a punto de cerrar:
- Oye, ¿por qué no vamos a mi casa para seguir la parranda?
- No, mejor a la mía, que está cerquita.
- A ver, veamos cuál está más cerca.
Llegan a la esquina, se detienen y dicen:
- Ya llegamos, ésta es mi casa.
- No puede ser, también es la mía.
- Llamaremos. Así sabremos de quién es. Tocan la puerta, sale la dueña y dice:
- ¡Qué bonito, padre e hijo borracho!

Nos reímos mirándonos a los ojos.

-¿todo bien, Marian?

-mejor imposible.

Se levanta y se coloca a mi espalda, me rodea con sus brazos, cierro los ojos apoyando mi cabeza en su hombro, sus manos traspasan la frontera de mi blusa, el roce de sus manos en mi piel hace que me estremezca. Mi corazón acelera su ritmo acompañando a mi agitada respiración.

Una vez Caperucita Roja fue a visitar a su abuelita sin saber que a su abuelita se la había comido el lobo, entra a la casa y dice:
Abuelita, que ojos tan grandes tú tienes.
Y la abuelita dice:
Es para verte mejor.
Nuevamente, Caperucita mira a su abuelita y dice:
Abuelita, que orejas tan grandes tú tienes.
Y la abuelita dice:
Es para escucharte mejor
Caperucita vuelve a insistir:
Abuelita, que nariz tan grande tú tienes.
Y la abuelita le dice:
Es para olerte mejor
Abuelita que boca tan grande tú tienes.
Y la abuelita contesta ya cansada de sus preguntas:
¿A qué viniste, a visitarme o a criticarme?

Mis gemidos se confunden con las risas……………………………………..

Hasta mañana, estoy ocupada. Agur

MARIAN

ESTABA EL SEÑOR DON GATO, SENTADITO EN SU TEJADO MARAMAMIAU, MIUA, MIUA.

Todo está por descubrirse. Pensar que lo conocemos todo es un cuento
 Eduardo Chillida



Ahí sigue Oscar, pero me he levantado demasiado alterada para hablar con él, mi cabeza anda por otros lares, suena a excusa, pero es lo que hay, le he preparado el desayuno, yo me he tomado un café y a ¡trabajar! Que la mañana pase rapidito y sin molestar demasiado.

Estaba tomándome una menta en la cafetería, huyendo de todo el mundo, cuando le he visto entrar, me he buscado con la mirada, yo estaba un poco escondida, le he costado encontrarme ¡qué sonrisa me ha echado! ¡Madre mía! Me encanta su cara cuando sonríe ¿cómo puede alguien mirarme como él hace y luego nada de nada? Ni un simple roce de nuestras manos, ¡nada! ¿Qué pasará por su cabeza? Si supiera lo que pasa por mi cabeza mejor que no, a lo mejor se asusta.

-¡hola preciosa!

-hola

-¿tienes algo que hacer al mediodía?

-tengo una reunión.- ¡mentirosa!

-¡qué pena!¿nos vemos luego?

-podemos comer juntos si quieres.

-a eso venia ¿la reunión?

-que se encargue Andrés.

-¿a la una?

-¿conoces la función del teléfono?

-sí, pero así tengo una excusa para verte. A la una en el aparcamiento.

Me he reído toda coquetona, a ver si se da por aludido y arranca ya.

El resto de mañana lo he pasado en las nubes, imaginando mil historias con él, solo han sido dos horas, a mí se me han hecho cuatro. Una cosa si me queda claro, si lo que busca de mi es solo un revolcón ya habríamos copulado, vamos, eso lo tengo claro. Ufff ¡qué calor! ¿No será que ya es mayor y no le funciona correctamente?  Esperemos que no sea eso, porque tal i como estoy yo en este momento ¡vaya chasco! ¡Que tome biagra! ¡Coño!

Le he hecho esperar cinco minutos, que se vaya acostumbrando, yo soy impuntual por norma. Me ha costado verlo, no sé que me da, que no quiere que nos vean juntos, será cosa mía.

Estaba con la ventanilla  abierta y fumando, es la primera vez que le veo fumar. ¡Qué sonrisa! ¡Qué mirada!

-hola

-hola, preciosa. ¿Todo bien?

-sí, ¿A dónde vamos?

-a Donosti ¿te parece?

En enciendo un cigarro para calmar un momento mis nervios.

-¿fumas mucho?

-un poco, un mucho la verdad, tengo que dejarlo. ¿Tu?

-solo cuando estoy nervioso.

Con su mirada me dice “tú tienes la culpa”. Estamos los dos muy tensos ¡qué pasada! Me parece que los dos queremos pero hay algo que nos frena o eso me parece a mí. No hay prisa, lo que tenga que ser será.

Miro por la ventana sin saber qué decir o hacer, intentando calmar mis nervios, evitando y deseando lo inevitable, enciendo otro cigarro,  aspiro el humo como si me fuera la vida en ello, no me atrevo ni a mirarle, soy consciente de mi absurda reacción, le miro, su sonrisa me devuelve la calma.

-¿todo bien Marian?

-todo bien.

Manuel se instala en mi cabeza animándome a vivir, a disfrutar del momento, aguanto las ganas de llorar, no sé si estoy bien o mal, si pedirle que pare el coche salir huyendo o quedarme. Vuelvo a mirarle y su sonrisa me devuelve de nuevo la calma.

Ha parado el coche, se vuelve hacia mí acariciando mi mejilla.

-no va a pasar nada que los dos no queramos que pase.

Hago un gesto afirmativo con la cabeza dando conformidad a sus palabras.

-quizá no haya pasado tiempo suficiente….

Dejo de escuchar, no puedo evitar acordarme de él, de lo que vivimos y dejamos de vivir. Sé que esta vez he hecho bien las cosas, que no voy a tener a Manuel en mi cocina reclamándome no se qué cosa. No tengo más remedio que seguir con mi vida, me guste  o no, así que decido que ha de ser lo mejor posible, aceptar al hombre que tengo delante que vuelve a acariciar mi mejilla con ternura, correspondo a ello con una sonrisa, alargando mi mano acariciando su cara, peinando el recio bello de su barba, pasando mi dedo por sus labios, sonrío ante su mirada indecisa a esos ojos color miel que me miran sin entender mi reacción, miro esa boca que se me hace sabrosa, deseable. Acerco mi boca a la suya, incitándole, disfrutando de las sensaciones que me invaden.



¡Hasta mañana! Agur……

MARIAN

jueves, 1 de septiembre de 2011

LA QUE ESPERA DESESPERA


Por lo pasado y presente adivina el que es prudente





La que espera desespera, así que he pasado la tarde con Luisa, que me mira con ojos de algo pasa que no me cuentas, ni intenciones tengo de momento, más que nada porque no hay nada que contar.

Yo no soy de tiendas, de ir a ver escaparates, quiero decir, pero ella sí, sabe donde me he comprado la ropa y hasta lo que he gastado ¡tiene una habilidad para esas cosas!

Íbamos a por el segundo café cuando me he arrepentido, quiero estar bien, no histérica perdida, me he tomado una tila, mi cuerpo ya está generando cafeína o lo que sea que haga que este alterada, ansiosa, no voy a introducirle más excitantes, ya vale con los que yo fabrico.

A las cinco le he dicho.

-me voy.

-¿Dónde vas?

-ehhhh, a dar una vuelta.

Se ha acercado a mí, me ha desabrochado un par de botones.

-así está mejor – me ha dicho.

Yo lo he dejado en uno, una cosa es insinuar y otra enseñar, tiene que ganarse que me desabroche ese botón y los que haga falta, por falta de ganas no es.

Por fin le he visto a parecer, ¡qué manera de mirarme! No me ha quitado el ojo de encima en toda la tarde, ¡madre mía! Sus ojos también son muy expresivos, sus gestos. Hoy cae, he pensado, no sé cómo va a acabar esta historia, pero estoy deseando que empiece, por lo menos eso. Puedo acabar enamorada de él, es peligroso. Mi experiencia en hombres, es poca, pero cuando doy el paso, me entrego completamente, vivo para ellos, no dar con la persona correcta, puede hacerme sufrir. Confiemos en mi buena suerte, que todo vaya bien, que no salga dañada de esta historia, ya no hay marcha atrás.



Hasta mañana. Agur.

MARIAN




¡NECESITO DESAHOGARME!




¡Buenos días! Necesito desahogarme, la cena fantástica, muy buena, la cocinera se portó, quien quiera que sea, el camarero, la mar de atento, no nos faltó de nada. Miguel un ¡SOSO! ¡Con las mirada que me echó! Y le eché ¡madre mía! Le pillé un montón de veces mirándome y no precisamente a los ojos. Estaba convencida de que era el día, me preparé para ello. ¡PUES NO! NO ME HA TOCADO NI UN PELO, ni un simple roce de manos. ¡Con lo suelta que estaba yo! Tiene que ser él, el que dé el primer paso ¡SI SOY CAPAZ DE AGUANTARME! ¡COÑO!

¿Tendrá algún problema? No es por comparar, que no viene al caso y no es justo pero con Manuel hubiéramos acabado en el baño, o donde sea. ¿No se dará cuenta o es que se está haciendo el duro conmigo? Pues no pienso ser yo la que dé el primer paso, lo lleva claro, aquí la que busca excusas tontas ¡SOY YO!, a la que a lo mejor le duele la cabeza ¡ES A MI! ¡ME PONE DE LOS NERVIOS SU PARSIMONIA! Pero es que esa forma de mirarme, no va acorde con su actitud. No sé a dónde me va a llevar esta historia, pero yo a este me lo calzo ¡como que me llamo Marian! ¡COÑO YA!

Hasta luego.

MARIAN